Sísifo en el salón de la memoria

“Llegará encorvada. Seguro me llamará// con ese nombre que sólo ella/ él conoce// no podré negarme/ hay días que espero su gesto certero.// La temblorosa mano no logra sostener la cuchara// sé que entonces sólo debo estar dispuesto al viaje.” Esta nueva, reconocible, torturada voz poética convoca al ciclo de la decrepitud y la muerte. La cita que la necrófila figura encorvada resuelve de manera definitiva, el nombre que identifica al convocado –porque es llamado y porque él lo sabe por la terrible unicidad de la confirmación– y la voz que, se presume no se dice, reclama una acción, una conducta inexorable. No obstante, parafraseando a Borges, la presencia de la muerte se reconoce por el sentido del gusto: hay un gusto que preanuncia la fecha que la figura encorvada conoce pero que el pronombre “él” también reafirma.

Es una cita entonces, no una convocatoria. Es un encuentro. Acaso esa muerte sea un él, por qué no, y la lectura del fragmento se amplíe hacia los terrenos del género, de la opción del proceder gramatical adecuado al agente ejecutivo. El yo poético, esa especie de seudópodo que emite el poeta Hugo Achugar, sabe que no podrá negarse a la ominosa convocatoria. Dos versos rotundos cierran la escena y confirman ese siniestro encuentro: la mano temblorosa del hombre horrorizado que se alimenta, que premedita no hablar del asunto confiado en montar un espacio de falsa sorpresa aunque sabe, a verso seguido, que no podrá negarse, excluirse, volverse tangencial espectador. Ya no habrá disquisición filosófica. Es la hora del encuentro en sí, del sacudón, de los barquinazos de Caronte, del viaje.
El fragmento anterior es una muestra homeopática del tono predominante, de la borgeana cifra de obsesiones de incorrección, el undécimo poemario de Hugo Achugar (Montevideo, 1944). La semilla contiene el bosque. El bosque a su vez se encolumna en tres espesuras: “tiempo”, que abre el volumen; “fragmentos”, del que se extrajo la cita, e “incorrección”, la tercera y última estancia, que da nombre al todo y a la parte. Pero Achugar publicó diez libros. Diez libros que indican, más allá del quiebre en su poesía producido con el poemario Seis mariposas tropicales de 1986, una tendencia a cierta poética de la disolución morosa, de la ruina metódica que el tiempo ejerce en la vida de los hombres. Achugar es el boxeador derrotado del cuento “Por un bistec”, de Jack London, que reconoce la superioridad de los elementos contra los que lucha, a los que embiste con serena lucidez, con inquebrantable vocación, hacia cierta ingravidez pesarosa que define en los primeros tres versos del libro: “La luz brillará en el árbol de la ventana./ Seguirá inaugurando la derrota de la hora./ No será bienvenida ni esperada”.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

Текстиль для дома, Вышивка, Фурнитура, Ткани
автоновости