Y es que lo paradójico es esencial a la obra de Maslíah, y es de allí donde surge gran parte no solamente del humor que la alienta sino la sorpresa y la inquietud que suele provocar su propuesta. Maslíah juega con las posibilidades del lenguaje, con su lógica y sus contradicciones. Sin embargo sus textos no son meros retruécanos o juegos de palabras, sino el planteamiento o la ilustración de viejos problemas lógico-filosóficos. El estilo narrativo es directo y sencillo, a la manera de las fábulas clásicas, dirigidas a un público amplio, incluso infantil. Sin embargo, a diferencia de éstas, las de Maslíah no apuntan directamente a una enseñanza moral aleccionante, sino más bien a un ejercicio intelectual que muchas veces no tiene siquiera una solución clara, pero que, en el camino, plantea dilemas diversos.
Por ejemplo, en la “Fábula de la cárcel”, Maslíah juega, entre muchas otras cosas, con los enunciados performativos, es decir, aquellos que implican, como diría John Langshaw Austin, “hacer cosas con palabras”: el topo y el suricato están en una cárcel de máxima seguridad y consideran la manera de escaparse. “(…) pasó un guardia y el suricato le pidió que al topo y a él los dejaran en libertad por buena conducta.
—¿Qué buena conducta? –preguntó el guardia.
—No estamos tratando de escaparnos –dijo el suricato–. Eso es buena conducta ¿no?
—Si fuera cierto, sí –replicó el guardia–. Pero el hecho de haberme dicho eso de que los deje salir por buena conducta por no tratar de escaparse es en sí mismo un intento de fuga. Por lo tanto, van a seguir encerrados.”
O, por ejemplo, en la “Fábula del animal innominado”, en la que remite a Aristóteles y Platón y la vieja discusión entre nominalistas y realistas. Y es que este animal innominado quería entrar en los manuales de zoología, para lo que el zoólogo le pidió que demostrase que era una especie y no un simple individuo: “Yo no sé de cuántos individuos consta mi especie –dijo el animal–, y no es responsabilidad mía saberlo. Es trabajo de ustedes. De todos modos eso de las especies no deja de ser una aproximación que les da a ustedes cierta comodidad para abordar nuestro estudio; pero hacen mal en creérselo tanto, ya que en rigor de verdad no existen especies”.
Maslíah tiene, sin lugar a dudas, una gran aptitud para utilizar viejos problemas para nuevos ingenios. Y si bien son artificios transparentes, tienen la virtud de invitar al pensamiento de una manera lúdica y humorística.
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