Brecha Digital

Un lugar vacío de nosotros

Debe agradecerse a la editorial Civiles Iletrados la publicación de la poeta argentina Laura Wittner (Buenos Aires, 1967) en su colección Ojo de Rueda. Y debe señalarse además que la estructura que presenta el volumen Noche con posibilidades responde a una muestra antológica de cinco de los seis libros que la poeta editó, lo que permite al lector una interesante visión de conjunto sobre una poeta de pasajes, de viajes, de tránsitos. En algunas ocasiones el movimiento es temporal: “Leyendo las dos sobre una arena endurecida:/ ¿Cómo es que antes teníamos pelo lacio/ y ahora tenemos rulos, las dos?/ ¿Y esta venta de baratijas?/ ¿Y la piel de gallina en las piernas de mi madre?”, objetivando con dureza no sólo lo que mutó analógicamente, ambas mujeres, madre e hija, se han vuelto hermanas con bucles, sino lo que devino en símbolo de degradación morosa, que trocó piel humana en piel de ave. En otros poemas el viaje se hace alegoría dentro de un viaje en tren, duplicando la sensación de “flecha del tiempo”: “En el pasillo del tren/ las voces cambian de idioma/ y entre sueños aprobás haber cruzado otra frontera/ como podrías tachar una tarea realizada/ de la larga lista./ Por la mañana llegás a una estación/ y pedís el mapa de esta nueva ciudad/ para recomenzar el proceso de conocimiento/ que con naturalidad será perforación/ penetración y diseminación final en el terreno/ si tenés suerte y la única marca/ que te descubre/ es tu equipaje en un hotel anónimo”. Si fuera aconsejable explicar esa especie de El Dorado que para los poetas significa la utilización de la síntesis como procedimiento que permite bascular entre contenido y continente de manera simple, Wittner sería un ejemplo perfecto. El tren viaja entre estaciones innominadas que van del balbuceo infantil a la madurez final, del anonimato del lenguaje no frecuentado a la anonimia del olvido y la disolución de un huésped en un hotel ignoto. Entre esos dos paréntesis, durante el desarrollo del proceso, la sexualidad se enuncia con una inteligencia pudorosa y humorística, a la vez que sensual –perforación, penetración, diseminación–, como si el yo poético adquiriera el lenguaje de un texto de minería a cielo abierto sin renunciar al recurso de la metáfora. No hay ni extensas enumeraciones atosigantes ni brusquedades genitales disfrazadas de transgresión. Sólo está la vida, la vida empeñada en el tópico del viaje y la desolación final. Una poeta, realmente.
No es extraño que uno de los textos más connotativos del volumen se titule “Las últimas mudanzas” y se ubique en Nueva York, como un diario de viaje poético que une la intimidad de la mirada de la poeta con la metrópoli operando como reaseguro de la modernidad. No obstante, esa especie de fijeza simbólica del edén al alcance de la mano –la “Gran Manzana”– deja al lector ante un aire removido que nadie habita, una cortina movida por el mismo hálito antiguo e indiferente de siempre, que muestra el vano de la puerta, no la puerta, entre suspiros de alivio anodino.
“El vidrio está punteado de gotas,/ está goteado. Pero no nieva. Rojo ladrillo,/ gris, las construcciones se ven/ únicamente/ tras las gotas. Nueva York,/ de donde siempre se va alguien.” Esta ciudad, nueva Roma eterna que funge de epítome de la civilización, es una mudanza, un vacío relamido por el deseo y el abandono del deseo. En el contrapeso entre la totalidad y la individualidad, que puede constituir una buena definición de la poesía y del arte todo, la poeta ha tomado su posición. En el poema “Naranjas” sentencia: “Golpeando contra antiguos paisajes familiares/ te hace temblar un sueño: más allá/ de la ventana oscura/ pasa un camión con su carga de naranjas”. Y es suficiente.

Comentarios   

 
0 #1 Miguel Angel 20-11-2012 04:43
Inmejorable sorpresa para un martes a las 01.37 aburrido del fb y el flujo mediático -hoy sanguíneo con lo de la franja-. No descubre mucho el comentario, pero lo que pude percibir me encantó. Que no sólo de buena poesía andamos escasos, sino de lugar en la cabeza para leerla, ahora que decido no ver mañana las nuevas fotos de los niños muertos por los bombardeos israelíes. Encima nacimos en el mismo año. Grande Wittner!
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