El vuelo imposible de la paloma kantiana
- Última actualización en 23 Noviembre 2012
- Escrito por: Aníbal Corti
El vuelo imposible de la paloma kantiana
Este es un libro que recoge varios ensayos filosóficos (en su mayoría inéditos) del profesor Héctor Massa (1927-1999). Massa nació y vivió en Montevideo, estudió filosofía en la vieja Facultad de Humanidades y Ciencias, y más tarde en Francia y Alemania. Fue investigador de la Biblioteca Nacional, docente de enseñanza media, del Instituto de Profesores Artigas y de la propia Facultad de Humanidades. Su magisterio, que llegó a ser en verdad muy influyente, fue ejercido esencialmente en forma oral, a través de la docencia. Massa no se servía de ningún tipo de recurso didáctico y era refractario a cualquier material que no fueran los propios textos filosóficos, que leía y comentaba en clase con insólita minuciosidad. Un mismo párrafo podía ser leído y comentado una y otra vez durante semanas. Trazas de ese estilo se observan todavía en las clases de quienes fueron sus discípulos y hoy son docentes de la Facultad de Humanidades.
En su juventud Massa frecuentó autores fuertemente críticos de los excesos de la filosofía especulativa; autores que desconfiaban de las concepciones del mundo sobrecargadas de entidades abstractas, alejadas de la experiencia cotidiana y del sentido común. Andando el tiempo, sin embargo, llegó a considerar a esos filósofos intolerablemente superficiales, aunque mantuvo con ellos una relación ambigua hasta el final de sus días, como se verá en breve.
“Hace muchos años, cuando era mi costumbre andar en compañía de los Russell, Carnap, Reichenbach o del impetuoso nominalista León Chwistek (...), la idea de sustancia era parte de ese registro de pensamientos supernumerarios y confusos con los cuales andaba entreverada desde siempre y para nuestro mal la antigualla de la filosofía. Estaban, claro está, Platón y Aristóteles junto con la variedad de sus estirpes, pero ellos residían en el paraíso perdido de los hipersignificados, es decir, en el jardín del sinsentido, a cuya entrada el ángel del análisis conceptual –un poco cuchillero él– blandía la navaja que fue de Ockham. Pasó algún tiempo antes de que en la medida de mis posibilidades osara desafiarlo”, explica el autor en uno de los pocos textos no inéditos que integran el presente volumen (“Sustancia y proporción”, publicado originalmente como ensayo introductorio al libro La cosmología racionalista de Eduardo Piazza).
Un producto ejemplar de esa filosofía especulativa que Massa rechazó en sus años de juventud es la prueba ontológica de la existencia de Dios, aquella que dice, en resumidas cuentas, que el ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo (Dios) debe existir necesariamente porque la mera posibilidad de su no existencia supone una contradicción. La discrepancia entre el monje benedictino, teólogo y filósofo del siglo xi San Anselmo de Canterbury –autor del primer argumento de ese tipo de que se tenga noticia– y su contemporáneo y contradictor Gaunilo de Marmoutier –otro benedictino, pero de menor reputación filosófica– sirve a Massa para ilustrar la tensión que atraviesa la historia de la filosofía entre el pensamiento especulativo y el apego empirista a la experiencia y al sentido común.
Anselmo dirige su discurso al incrédulo que la Biblia menciona en el Libro de los Salmos. “Dice el insensato en su corazón: Dios no existe” (Salmo 14). Ese hombre, “seguramente alguien paralizado por las cosas inmediatas”, entiende Massa, es un empirista como Russell, Carnap o Reichenbach: alguien que se relaciona con las cosas del mundo como los filósofos que él leía en su juventud recomendaban hacerlo. El filósofo especulativo enfrenta entonces al incrédulo empirista con las armas de la razón. Ella, la razón –argumenta Anselmo–, encuentra en sí misma la idea de un ser: el ser por encima del cual no se puede pensar nada mayor (Dios). Si ese ser existiera sólo en la mente de los hombres –continúa razonando–, no sería el ser por encima del cual no se puede pensar nada mayor, pues se podría pensar todavía un ser superior a él: un ser que no sólo existiera en la mente, sino también en la realidad. Consiguientemente, la idea misma de un ser absolutamente superior exige que ese ser no sólo exista en la mente, sino también en la realidad. Lo que se quería demostrar.
Gaunilo fue quizás el primero de los muchos críticos de Anselmo. “Su gran dignidad consistió en negarse a igualar esencia y existencia aun en el caso de Dios, en el cual creía. (...) Considero de enorme importancia que la obra de un pensador de primera magnitud (como Anselmo) suscite comentarios (como los) de Gaunilo, pues en ellos alguna forma del sentido común pone a prueba las incursiones extraordinarias que con harta frecuencia se permite el pensamiento de un gran filósofo”, sostiene Massa. Y agrega: “Ese poner a prueba, en ocasiones refinado, no prueba necesariamente algo y, si lo hace, puede ser que no importe. Pero la descortesía característica del sentido común, el enojo de los hombres ennoviados con la empirie (...), son a veces tiros certeros que dan en la paloma kantiana y la derriban en pleno vuelo”.
La célebre metáfora de la paloma, que Kant formulara en su introducción a la Crítica de la razón pura, hace referencia al intento de la filosofía especulativa de abandonar todo contacto con el mundo sensible, intento que falla por faltarle un punto de apoyo, como podría ocurrirle a una paloma que se lanzase a volar en el espacio vacío, sin el apoyo que el aire le proporciona y que hace posible su vuelo.
“En lo que me concierne nunca dejaré de esperar la aparición de la paloma inderribable”, anunció Massa. Y así actuó. Su relación ambigua con los filósofos de su juventud (a quienes ya no amaba, aunque de algún modo todavía les era fiel), aquellos que como Russell, Carnap y Reichenbach habían afirmado que la filosofía especulativa no tiene sentido ni posibilidad de ver realizadas sus pretensiones de conocimiento del mundo, lo fue empujando hacia la idea mística de la filosofía como una búsqueda inevitable, pero también imposible. Ese misticismo aparece aquí y allá en los escritos compilados en este volumen y era una constante en sus clases de filosofía de la Facultad de Humanidades.


Comentarios
Lo que parece, más bien, y que creo que es lo que ha provocado algunas reacciones, es una serie de impresiones personales sobre Massa, que independienteme nte de que sean ciertas (los que lo conocimos podemos dar testimonio de ellas), carecen de todo interés académico estricto. Leí la nota esperando encontrar información útil sobre el libro, esto con el fin de decidir si adquiero un ejemplar (que es para lo que sirven las reseñas), y me encontré con una amalgama de datos idiosincrásicos más o menos conocidos, salpicados de comentarios inconexos sobre la prueba de la existencia de Dios, y reclamos velados a Massa por haber abandonado la lectura de los empiristas.
Creo que el texto hubiera hecho un mejor servicio a la filosofía si se hubiera concentrado en el análisis y discusión cuidadoso de los textos que componen esta compilación, y no es una crítica indirecta a los mismos valiéndose de conocimientos personales de su autor.
Saludos.
con estas líneas voy a dar por terminada mi intervención. La cual lamento. Por haber contribuido a dar importancia a lo que, en definitiva, no lo tiene.
Le pido disculpas por lo que usted gusta llamar "ad hominen". Si bien puedo juzgar la nota como una muestra de pereza intelectual, lo cierto es que no estoy en conocimiento de su situación ni de su obrar.
Es curioso que quien rechaza lo "ad hominen" apele a la "autoridad" de decir lo que dice por haber sido alumno del autor de los escritos. Entonces la nota ¿es sobre las impresiones suyas (y de otros) o sobre el libro?
Si tanto les interesa a algunos de los comentaristas el pensamiento de Massa y si lo han comprendido tan bien, entonces, pienso yo, podrían contribuir a difundirlo. Podrían, por ejemplo, aprovechar esta misma sección de comentarios para hacer alguna contribución en ese sentido, cosa que no han hecho.
Posdata (a Rosa de los Vientos): El tema de la prueba ontológica de Anselmo sólo se trata tangencialmente en uno de los ensayos del libro. Pido disculpas si pareció que su tratamiento tiene una centralidad que en verdad no tiene. El tema es importante (y por ello lo traje a colación en la reseña) porque Massa se sirve de ese ejemplo para hablar, en un excurso en uno de sus ensayos sobre la dialéctica, de su concepción general de la filosofía. Gracias por tu comentario.
Salu2
¿La imposibilidad de la paloma kantiana es una afirmación de Massa o del autor de la nota? Es una pregunta legítima dado que en los ensayos publicados no se encuentran trazos de misticismo en Massa
Sin duda hay mucho más entre el cielo y la tierra que lo que hay en cualquier filosofía pero Massa no multiplicaba los entes innecesariament e.
Sería muy bueno empezar a reflotar las discusiones sobre ideas y no sobre personas ni estilos de hacer filosofía. Pero en fin, cualquier cosa que se diga estará bien, una línea más en en CV para conseguir puestos... ¡¿A quién le importa las ideas?! Solo a los místicos, tal vez.
Que vergüenza.
Es típico de la aldea ser alguien o creerse alguien enterrando a los que han sido mejores. Y no es cierto que la nota hable del pensamiento de Massa, cae en el lugar común de decir que era un mal docente que vivía en las nubes. Pero no ataca ni cuestiona, ni afirma una sola de las reflexiones filosóficas de los ensayos.
Crítica de crisis, no crítica de Marcha.
El periodista de la nota no está comprometido con lo que escribe y deja al lector sobreentender.
Cualquiera que haya podido estudiar, una y otra vez, los pasajes señalados por Massa, seguro que ha podido pensar y aprender más de lo que cualquier calienta bancos de la actual Facultad.
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