Un admirado hermano mayor

Gerardo Gandini

Gerardo Gandini rebosaba música. Hiciera lo que hiciera, caramba, le salía buena música. Pero Gandini no dejaba que le saliera así porque sí. Trabaja con mucho rigor, buscaba sin descanso esa buena música. Y tanto en su faceta de compositor como en la de intérprete, era por naturaleza un músico muy refinado.


“Yo no me crié corriendo por los bosques de Viena –dijo una vez en Montevideo respondiendo a una pregunta al final de un concierto–, sino comiendo un refuerzo de mortadela mientras esperaba el tranvía en Villa del Parque.” Jugaba con el pasado con la picardía con que se juega con el presente, y jugaba con el presente con la sabiduría de quien adivina lo que está por debajo de lo visible –o de lo audible–. Lo contemporáneo en él era una profunda comprensión de actitudes esenciales y no la frecuente colección de gestos impostados. Sus sonidos eran delicados y sobrios. Pero sabía ser torrencial cuando necesitaba decir algo torrencialmente o cuando necesitaba mimar algo torrencial para pasar a la respuesta a lo torrencial. Y era parco de toda parquedad cuando podía haber notas que sobraran. Sabio como era desde muchacho, a él no le sobraban notas.
Supo citar la tristeza y la melancolía y supo –cosa difícil si las hay– pasearse por lo bello. Supo poder ser hiperracionalista y neodadaísta, visitar a Mozart y a Feldman u homenajear a Schumann, hacer ópera sin que resultara un anacronismo, y hacer tango (y postango, como supo llamar a esas maravillas que reinventaba como fino pianista). Supo ser un magnífico intérprete, a pesar de una postura corporal que –como en Héctor Tosar– contradecía aquello que sonaba... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

 

Текстиль для дома, Вышивка, Фурнитура, Ткани
автоновости