Chris Terrio en el teatro Solís
A muchos periodistas les llegó la pasada semana una invitación. Chris Terrio, ganador con la película Argo del Oscar al mejor guión basado en una obra preexistente, ofrecería una charla, una conferencia o un diálogo amistoso con Christian Font, según nos apetezca llamar a su primera presentación en Montevideo, en el teatro Solís, miércoles 10 de abril a las 19.30.
Era obvio que su amiga, ex compañera de estudios y nativa de República Dominicana Julissa Reynoso, embajadora de Estados Unidos en nuestro país, mucho tenía que ver con la organización del evento. Piense lo que piense al respecto de Irán y Oriente Medio y represente lo que represente en materia política, lo cierto es que la embajadora despliega simpatía y sabe darse el lugar que le corresponde. Lo demostraron por televisión su opinión sobre las carnestolendas del Teatro de Verano –“igualitas a los espectáculos de Broadway”–, sus imprevistamente montevideanas sonrisas en plena ceremonia académica, y, en vivo, al culminar la charla, conferencia o diálogo de Terrio con Font y con el público, su solitario y solícito “gracias” al recibir un ramo de flores que inmediatamente compartió con el visitante. De haber contado con un(a) representante de esas características, a Estados Unidos le habría ido un poco mejor en el Teherán islamista y revolucionario de comienzos de la década del 80. No mucho mejor, pero algo es algo.
Y Argo es Argo. Es al mismo tiempo liberal y patriotera. Nacionalista (de Estados Unidos) que descree de los movimientos nacionalistas (de otras partes). Históricamente cierta en lo básico y narrativamente no demasiado verosímil en lo accesorio. Argumental y semidocumental. Ligera y relativamente profunda, dadas las circunstancias. Cómica, policial y dramática. Industrial y, a su modo, sincera. Celebradora de un rescate parapolicial en un país en guerra con el suyo y sostenedora de un equilibrio político casi imposible. Para el libretista Terrio, un “liberal” que alguna vez quiso ser un “radical”, una película difícil de apoyar en todas sus implicancias e imprescindible de defender como materia de consulta, de entretenimiento y aun de tesis. Entre sonrisas, risas, palmadas, congratulaciones, ataques, defensas y contraataques, el gallardo guionista aceptó el desafío con talante y desparpajo. Comprendió que estaba en un país del Tercer Mundo. Sabe que el Tercer Mundo también existe. Conoce el paño.
Argo se ambienta en los momentos más álgidos de la revolución islámica y recrea la valerosa acción de un agente de la cia que concibe y ejecuta una fragua insólita y literalmente cinematográfica para retornar “a casa” a unos funcionarios de la embajada de Estados Unidos que se habían refugiado en la embajada de Canadá. El libreto de Terrio se apoya explícitamente en las memorias del personaje real (Tony Méndez) pero le incorpora aditamentos que alteran sustancialmente ese punto de vista personal. Uno de ellos es un prólogo concebido en base a dibujos animados que resume la historia de Irán durante las tres o cuatro décadas previas a la revolución. “En los últimos momentos de la preparación de la película con (el director y actor principal) Ben Affleck, caí en la cuenta de que el prólogo animado era necesario para generar un contexto que evitara el clisé de religiosos barbudos malvados y sin motivos que persiguen y matan a yanquis inocentes. Como me había pasado unos cinco años leyendo cientos de libros y mirando cientos de documentales sobre el tema, el apoyo de mi país a la feroz dictadura del sha Reza Pahlevi y las artimañas para asegurarse el petróleo de Irán a como dé lugar eran, para mí, evidencia histórica. Pero no lo eran para la mayoría de los espectadores. De alguna manera había que informarles.”
El segundo aditamento consistió en ciertos cambios que sufrieron los personajes en su pasaje de la realidad a esta ficcionalización. .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.