¿Cáncer o crimen?
Esta semana fueron exhumados los restos del poeta chileno. Una denuncia penal afirma que en la clínica donde era asistido fue asesinado por agentes de Augusto Pinochet.
Cuando Pablo Neruda murió, el 23 de setiembre de 1973, a escasos días de aquel nefasto 11 de setiembre sudamericano cuando el ataque pinochetista a La Moneda y el suicidio de Salvador Allende acabaron con el sueño socialista y con la democracia en Chile, muchos dijeron que el poeta había muerto de pena. Neruda tenía entonces 69 años, pocos para su enorme fama, anterior incluso a haber sido galardonado con el premio Nobel. La versión oficial fue que murió de un cáncer de próstata, pero este lunes 8 de abril, por orden judicial, se exhumó el cadáver del poeta para tratar de definir si murió enfermo o envenenado por agentes de la dictadura de Augusto Pinochet hace 40 años. El resultado de los análisis se conocerá en los próximos meses. Buscan sustancias tóxicas en sus restos.
Las excavaciones se realizaron en uno de los patios de su casa de Isla Negra, sobre las costas del Pacífico. Aunque parece un motivo simbólico esta reiterada escena del desenterramiento, que reúne a Neruda con tantos desaparecidos y lo coloca en esa serie luctuosa de cuerpos perdidos, suspectos, profanados, los restos del Che, el cadáver de Evita embalsamado, las manos de Perón, serie macabra que hace a una barbarie sudamericana, la exhumación es el resultado de una investigación que se inició hace dos años por iniciativa del Partido Comunista, al que pertenecía Neruda. El expediente judicial que ha ido engordando desde su inicio en 2011 tiene ahora más de 600 páginas. El detonante fueron las denuncias de Manuel Araya, quien fue su chofer, y que afirma que el poeta fue envenenado con una inyección que le produjo un paro cardíaco cuando estaba internado en la clínica Santa María, de Santiago. En biografías conocidas se decía que por causa de retenes militares Neruda demoró en ser atendido, pero la acusación de ahora habla de algo mucho más directo y premeditado, y coincide con otra investigación sobre la muerte del ex presidente Eduardo Frei, quien falleció en la misma clínica que Neruda en enero de 1982, y de quien también se sospecha que pudo ser envenenado por agentes de Pinochet.
Cerca de una decena de peritos chilenos y extranjeros –argentinos, ingleses y estadounidenses– participaron en la remoción de tierra y apertura de la lápida en la que está la urna de Neruda y de su tercera esposa, Matilde Urrutia. También participan los peritos forenses que actuaron en el caso de la muerte de Allende y determinaron que no había sido asesinado, sino que efectivamente se suicidó. Patricio Bustos, director del Servicio Médico Legal que está a cargo de la investigación sobre el caso del poeta, explicó las diferencias que existen con las muertes de Víctor Jara y Salvador Allende: “Los casos Jara y Allende apuntan a la balística. Los casos de Frei y Neruda apuntan a la toxicología”, dijo.
¿UN CRIMEN POLÍTICO? El periodista mexicano Mario Casasús (a quien los lectores de Brecha tal vez recuerden porque ha escrito más de una nota denunciando los manejos de la Fundación Neruda) afirma que esa inyección administrada a Neruda no sólo es .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.