Imágenes lejanas
La aventura de un montevideano en los dominios de la ex Siam comienza no bien éste pone los pies en el avión de la compañía tailandesa cuyo lema, haciéndole los honores a uno de los productos de aquellas tierras, no es otro que “Suave como la seda”. Dicha máxima se cumple: el largo vuelo transcurre plácidamente mientras los viajeros paladean algún plato típico, calman la sed con ricos jugos, ven películas que ellos mismos eligen y disfrutan la atención de un personal que, sonrisa mediante, siempre está dispuesto a escuchar sus pedidos. Al llegar a la inmensa y húmeda Bangkok, con sus seis millones y medio de habitantes, altos edificios, endiablado tráfico y tórridas temperaturas, el visitante descubre que la amabilidad que advirtió en el traslado se prolonga en una gran ciudad cuya gente sabe también disponer de su tiempo para ayudar al turista extraviado o a quien desea averiguar más acerca de lo que está viendo. Por cierto, no se puede creer cómo hace un tailandés para llevar a su mujer y un par de niños en moto sin cascos o para cruzar la calle olvidando utilizar los pasajes elevados en un país con escasos semáforos. Hay policías con tapabocas –la polución empuja a usarlos a quienes trabajan en la calle todo el día– intentando poner orden entre los vehículos que, por otra parte, avanzan a la inglesa por la izquierda y, pese a todo, podría decirse que el orden impera en medio del desorden, ya que no parece haber muchos .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.