Para conocerla mejor

La casa y estudio del arquitecto Julio Vilamajó (1894-1948), construida en 1930, se convirtió este año en la primera vivienda moderna que abre sus puertas como museo en Uruguay.* La residencia –ubicada en las cercanías del parque Rodó, en la esquina de Domingo Cullen y Sarmiento– se extiende hacia lo alto, en cinco niveles, y si bien es un ejemplo de arquitectura moderna tiene un conjunto de detalles ornamentales característicos de la obra de Vilamajó, siempre permeada por el racionalismo de la época pero también cargada de expresividad y referencias historicistas.
Así, más allá de que los aspectos constructivos y espaciales (uso de la planta libre, fachada libre, terraza-jardín, etcétera) y el mobiliario (que recuerda a la Bauhaus) sindiquen a la vivienda como un ejemplo de arquitectura funcionalista, diversos elementos decorativos evidencian otras inquietudes y necesidades. Y para apreciarlo no hace falta entrar a la casa; basta con mirar la multiplicación a lo largo de la fachada de cerámicas vidriadas con forma de proas de barcos verdes con olas azules, que tanto recuerdan a la Casa de las Conchas de Salamanca. Este tipo de ornatos en la fachada fueron repetidos posteriormente por Vilamajó en otras construcciones, caso de la Facultad de Ingeniería.
Tanto los “barquitos” como las cerámicas con forma de lunares de colores que decoran la pronunciada cornisa (que da un toque palaciego a la construcción), y la mitológica cabeza de Medusa que desde lo alto custodia la residencia,** son obra del ceramista Antonio Pena, amigo de Vilamajó.
La vivienda, declarada monumento histórico en 1990, fue restaurada y acondicionada por el equipo de Plan de Obras e Intendencia de la Facultad de Arquitectura, con la participación de investigadores de los institutos de Diseño y de Historia de dicha facultad, así como del arquitecto y paisajista Luis Carrau, quien colaboró en la recuperación del jardín, uno de los lugares más bellos de la residencia, con referencias andaluzas (espejo de agua) e italianas (el diseño en desniveles y la escultura de Cupido de Verrocchio que solía posar sobre la fuente de la terraza).
A su vez la empresa Bertoni aportó a la reconstrucción del mobiliario original, en su mayor parte diseñado por el propio Vilamajó, quien innovó en el uso de la estructura tubular de metal doblado en las sillas. La original lámpara ubicada en la escalera (elemento central de la casa) es quizás uno de los componentes más atractivos del interior, junto con el tocador del dormitorio principal, o la pequeña y funcional cocina revestida con una cerámica amarillo-mostaza que le da una luz muy especial.
Abierta desde fines de abril, la casa puede visitarse los miércoles y sábados entre las 10 y las 16 horas, horario en el que se ofrecen visitas guiadas. Quienes concurran podrán ver las habitaciones más íntimas de la casa, como el baño de cerámicas rojas, el dormitorio principal, además del líving y el estudio del arquitecto. El entorno donde se ubica la vivienda es sin duda especial, e invita a seguir paseando: frente a la casa, cruzando bulevar Artigas, está la vivienda y estudio de Mauricio Cravotto (las leyendas hablan de los celos entre ambos vecinos arquitectos).
Los especialistas afirman que tanto la formación académica de Vilamajó (que se recibió en 1915) como el viaje que pudo hacer por Europa en los años veinte –había ganado el Gran Premio de Arquitectura–, influyeron mucho en una obra que incorpora distintos lenguajes expresivos, caso del hispano-islámico. La apuesta a la policromía en las fachadas, los detalles ornamentales en las molduras y la carpintería, el uso de referencias historicistas (techos a dos aguas, cornisas, arcos, entre otros) pueden observarse en otras varias residencias que construyó en Montevideo (como las casas Casabó en el Prado, y la Casa Pérsico, en Mercedes y Yi). También es clara la influencia del movimiento moderno en su obra, y la búsqueda de soluciones a la problemática del acceso a la vivienda, la estandarización y la utilización de nuevas técnicas y materiales constructivos (en 1935 patentó el sistema de construcción prefabricado Vibro Econo, con elementos modulados en hormigón armado).
La Facultad de Ingeniería (proyectada en 1936) es quizás su labor más claramente moderna y funcionalista, aunque incluso allí hay elementos expresivos, como las molduras rectangulares sobre los muros de hormigón (y hay que recordar que el proyecto original incluía bajorrelieves con alegorías griegas).***
Además de su función como museo, la casa se proyecta como un polo de difusión de la figura y obra de Vilamajó (reconocido mundialmente por haber integrado el grupo de proyectistas asesores para la construcción del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, en 1946), tanto en su faceta arquitectónica como en su labor urbanística (Villa Serrana, por ejemplo), paisajística y de diseño.
También está previsto realizar muestras, exposiciones, conferencias, presentaciones de libros, y otras actividades académicas y de divulgación, algunas de las cuales se realizarán en la vivienda lindera –sobre Sarmiento–, recientemente adquirida por la Facultad de Arquitectura.
Lamentablemente se frustró el proyecto para ubicar en el lugar la importante hemeroteca del Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (Cedodal). Se trata de un archivo de gran valor, fruto del trabajo del reconocido arquitecto e historiador del arte Ramón Gutiérrez, y que se considera el mayor repositorio existente sobre arquitectura de Iberoamérica. Su presencia en Montevideo hubiese convertido a Uruguay en un centro de referencia mundial para la investigación de la arquitectura latinoamericana. n

*      Desde el año pasado también es museo Las Nubes, la casa de Enrique Amorim en Salto, que aún no ha sido abierta al público.
**   “Entre el cielo y el suelo. La casa del arquitecto Julio Vilamajó en Montevideo”, de Aníbal Parodi. Publicación de la Facultad de Arquitectura, 2009.
***  Guía arquitectónica y urbanística de Montevideo, edición de 2004.

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