Brecha Digital

No son olimpíadas

Una conocida actriz y dramaturga propuso informalmente, años atrás, que se estableciera un singular impuesto: cada vez que un medio de comunicación, una agencia de publicidad, un personaje oficial, cometiera un error de ortografía, debería obrar en consecuencia y los fondos destinarse a una campaña de educación. De haber prosperado esa idea el espacio fiscal 2012 crecería a niveles insospechados.

El término olimpíada aparece de manera cada vez más frecuente en este invernal Montevideo para referirse a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 cuya ceremonia inaugural podrá verse esta noche por Televisión Nacional. Lo intercalan los comentaristas en su obsesión por la sinonimia, lo proclaman algunos afiches de vía pública, e incluso aparece más de cuatro veces en el video que presenta la original campaña de la auf para ir a cantarle a los británicos el “vayan pelando las chauchas” en su propio idioma (conquistemoslondres.com). Pero aunque se repita lo contrario, en Londres no habrá una olimpíada sino unos juegos olímpicos.
En realidad los diez abogados tributaristas y el inexplicable penalista que el supuesto transgresor vip podría contratar para evadir la hipotética sanción (véase Brecha 20-VII-12) tendrían, es cierto, una fácil defensa. El uso (padre de todos los vicios de la lengua y madre de su inevitable riqueza y adaptabilidad) ha torcido el brazo de la elefantiásica Real Academia Española, la que ha terminado por abdicar y aceptar ambos términos como sinónimos. Sin embargo, con republicana serenidad debe sostenerse que la Real Academia se equivoca. Si se pretende que los Juegos Olímpicos modernos sean una continuación de los de la Grecia clásica, debió mantenerse la terminología helénica. Un poroto en contra para la candidatura de Madrid 2020.
Para los griegos sólo vale la acepción que el diccionario oficial del castellano ha relegado al broncíneo tercer lugar en su definición de olimpíada: “período de cuatro años comprendido entre dos celebraciones consecutivas de juegos olímpicos. Fue costumbre entre los griegos contar el tiempo por olimpíadas a partir del solsticio de verano del año 776 a C, en que se fijó la primera”. A esa acepción habrá que aferrarse, con theodorakiana tozudez, si no se quiere que la troika y sus cómplices impongan una vez más sus condiciones.

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