El mundo conoció el agujero ambiental de la cidade maravilhosa cuando en 2009 se estrenó el documental Waste Land, de la directora británica Lucy Walker, en el que el artista plástico y fotógrafo Vik Muniz (San Pablo, 1961) y los recolectores del gigante lixão convierten toneladas de basura en verdaderas obras de arte. Fue nominado al Oscar como mejor documental en 2011 y, entre otros, ganó el premio a mejor documental elegido por el público en los festivales de Berlín y Sudante 2010, y otro de Amnistía Internacional. Este año, la Secretaría de Educación del estado de San Pablo, en el marco del programa O Cinema Vai à Escola, distribuirá Waste Land en las escuelas de educación media de San Pablo. En el documental, Tião (Sebastião Carlos dos Santos), joven presidente de la Asociación de Recolectores de Gramacho (acamjg) se entera a través de Vik que Marat fue un intelectual de la revolución francesa que murió en el baño (a propósito, Vik cuenta que pudo leer a Maquiavelo y a Nietzsche porque un día encontró sus libros entre las pilas de basura). En el filme, encuentran una bañera en el basural y fotografían a Tião emulando el cuadro “La muerte de Marat”, de Jacques-Louis David. La obra se proyecta sobre el piso de un galpón y se cubre de basura, se vuelve un cuadro (“Sebastião, Marat”) y se vende por 28 mil libras en una subasta en Londres. Otros recolectores son fotografiados en sus quehaceres y se realizan otras obras que se presentan en el Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro bajo el título Retratos do lixo. Lo recaudado se vuelca en provecho de los recolectores.
Pero antes de Waste Land, el gigantesco basural de Gramacho fue el escenario de otro documental brasileño llamado Estamira, que se estrenó en 2004. En ese momento el basural recibía más de 8 mil toneladas de basura por día. El filme cuenta la vida de una mujer, Estamira Gomes de Sousa, de 63 años, que en ese momento llevaba más de 20 años trabajando en el basural. Estamira tiene trastornos mentales y la historia transcurre entre sus reflexiones filosóficas (de la lucidez al delirio) y el continuo sobrevolar de las aves de rapiña sobre las montañas de basura. Las imágenes en blanco y negro no hacen más que acentuar la miseria.
Más atrás aun, el tema del destino y el tratamiento de la basura producida por las grandes ciudades ya había sido tomado por el director y guionista Jorge Furtado en el genial cortometraje Ilha das Flores (1989), ganador entre otros premios del Oso de Plata a mejor cortometraje en el Festival de Berlín de 1990. El corto denuncia de manera peculiar la situación de una población pobre de Porto Alegre en contacto cotidiano con los basurales. Comienza diciendo lacónicamente: “Esta no es una película de ficción. Existe un lugar llamado Ilha das Flores. Dios no existe”.