Brecha Digital

Cuba: conectividad cero

Hablar sobre la Internet en Cuba resulta algo engorroso, delicado y hasta especulativo para la mayoría de los ciudadanos de esa ínsula del Caribe. Innumerables y controvertidos son los criterios que, acerca del tema, han visto la luz en páginas digitales, blogs y otros sitios de la red de redes. Mas, dentro de la isla reina el silencio cómplice en los medios oficiales y las murmuraciones y chismes en las calles.
Son harto conocidas las grandes dificultades económicas, tecnológicas y comerciales que afronta el gobierno cubano para acceder a la Internet, debido al bloqueo impuesto hace más de 50 años por Estados Unidos. Ciertas todas.


Las comunicaciones internacionales en Cuba se hacen vía satelital, aun cuando a pocos quilómetros de sus costas pasan numerosos cables submarinos que permitirían una conexión más rápida y barata. Actualmente ésta resulta más pobre que en cualquier casa o institución en cualquier otro país. Además, existen servicios censurados por las autoridades estadounidenses, como el Google Analytics, que brinda estadísticas de sitios web y blogs, sin considerar su tamaño. La aplicación, de las más completas del mercado y también gratuita, no es permitida a la nación socialista. Asimismo, los internautas cubanos no pueden emplear otros servicios de Google, como Google Earth, Google Desktop Search y Google Toolbar; tampoco participar de otros servicios como los que ofrece Mozilla Corporation.
Las pérdidas por tales medidas se cuantifican en millones de dólares y la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba sa (Etecsa), única operadora de Internet allí, ve grandemente afectada su producción y sus servicios por los considerables gastos adicionales debidos a fletes y daños por la falta de acceso a las tecnologías estadounidenses. Como muchas otras maniobras que Cuba hace para adquirir productos en el mercado internacional, la informática llega al país a través de países intermediarios y, en consecuencia, debe afrontar un alza de los precios a cifras que no puede permitirse.
Hace unos años la isla, en conjunto con Venezuela, invirtió 70 millones de dólares en tender un cable submarino de fibra óptica entre ambas naciones. Se abría la posibilidad, según anunciaran los responsables del proyecto, de multiplicar por 3 mil la conectividad cubana y mejorar ostensiblemente la comunicación y la trasmisión de información. Aun así, se aclaró que dicho cable no sería una panacea para el problema; sólo posibilitaría extender el servicio existente, que es colectivo. Es decir, se beneficiarían las escuelas, los centros universitarios y de investigación científica y las instituciones gubernamentales.
Pero el cable hace tiempo llegó a costas cubanas –según anunciara una escueta nota del diario oficial Granma– y el beneficio prometido aún es esperado por quienes vieron una posibilidad de acceder por vez primera o mejorar su acceso a Internet. Porque todo lo dicho hasta ahora es lo que generalmente se conoce fuera de la mayor de las Antillas y en lo que se escuda el gobierno cubano para justificar el casi nulo acceso de la población.
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