El artista español Diego el Cigala se ha convertido en uno de los principales nombres del flamenco. Pero el cantaor ha sabido incursionar con mucho éxito en otros territorios, en principio lejanos a su universo. El 24 de setiembre visitará por segunda vez Montevideo.*
Era muy difícil pronosticar que el encuentro entre un cantaor de flamenco, no muy conocido fuera de los círculos de iniciados, y un legendario pianista cubano, iba, no sólo a ser fructífero artísticamente, sino que se convertiría también en un éxito popular. En 2000 Fernando Trueba (el director de Belle Époque y El año de las luces, entre muchas otras) estaba terminando su documental Calle 54, donde homenajeaba a varios de los creadores del jazz latino. Siguiendo el consejo de algunos amigos escuchó a Diego el Cigala, un músico que estaba ganando cada vez más prestigio dentro del flamenco.
Trueba, que quedó encantado con la música del Cigala, terminó dirigiendo el videoclip de una de sus canciones. En esos intercambios el Cigala vio el documental de Trueba aún sin estrenar y quedó prendado de la versión del clásico “Lágrimas negras” que hacían los músicos Bebo Valdés y Cachao López. En 2002 Trueba reunió al pianista cubano de 84 años con el cantaor de 34 en un estudio madrileño durante tres días. El resultado fue el álbum Lágrimas negras, que se volvió un inesperado éxito internacional, llegando a vender cerca de un millón de ejemplares en todo el mundo.
Lo interesante de Lágrimas negras es que no se trata de un disco de “fusión” entre géneros, al estilo jazzístico. Teniendo siempre como eje a las canciones –que van del bolero a la copla española, pasando por el tango, la bossa nova y el son–, cada uno de los músicos aporta su propio universo cultural, sin buscar cambiar o traicionar el origen de cada una de las canciones.
Aunque a veces sea muy difícil definirlos en palabras, los géneros musicales tienen límites muy precisos. Muchas veces es más fácil definirlos por la negativa. Es más sencillo decir que algo no es un tango que definir qué hace al tango ser lo que es, por ejemplo. Puede parecer obvio que un tango como “Vete de mí”, de los hermanos Expósito, interpretado por un pianista de boleros con escuela jazzística y un cantaor flamenco, no sea en rigor un tango, al menos no como lo entendemos en el Río de la Plata. Sin embargo sigue, extrañamente, manteniendo su esencia. Lo mismo sucede con el bolero “Lágrimas negras”, que suena natural en la voz del Cigala, o con el clásico “Se me olvidó que te olvidé”, de Lolita de la Colina.
Hay que decir que el Cigala, nacido Ramón Jiménez Salazar en 1968, no era un desconocido antes de Lágrimas negras. Su estilo de cantaor había llamado la atención de gente como Camarón de la Isla y Paco de Lucía, y su primer álbum, Undebel, de 1997, producido por David Amaya, con las guitarras de Antón Jiménez, David Amaya, Paquete y Tomatito, fue excelentemente recibido. En 2000 se publica su segundo álbum, Entre Vareta y Canasta, a través de un sello discográfico propiedad de Wyoming y Santiago Segura, entre otros.
Pero fue con Lágrimas negras que el nombre del Cigala llegó a lugares insospechados. Algo que los anglosajones considerarían un crossover: el cruce de fronteras de un género musical o un artista de género al público masivo. El Cigala volvió al flamenco con el disco Picasso en mis ojos (2004). Quienes quieran escuchar al cantaor en su “medio natural”, tienen en este trabajo una muy buena oportunidad para hacerlo. El álbum cuenta con la participación de Paco de Lucía, Tomatito, Raimundo Amador y Josemi Carmona como guitarristas, y muestra al Cigala en su mejor nivel como intérprete flamenco.
Luego del relativo fracaso (en comparación con el álbum anterior) de Dos lágrimas (2008), el artista se internó en otro proyecto ambicioso y en principio muy alejado de su universo artístico. Junto a parte de su banda y a los músicos argentinos Juanjo Domínguez (guitarra), Néstor Marconi (bandoneón), Diego Sánchez (violonchelo) y Pablo Agri (violín), ensayó un repertorio de tangos y música argentina para un recital en el teatro Gran Rex que sería grabado en vivo y filmado (2010). Fue una apuesta muy arriesgada en todos los sentidos. El principal, meterse con el género rioplatense –cosa que ya había hecho en un par de temas en el disco con Bebo Valdés–, y en el corazón de Buenos Aires. El otro fue hacer un espectáculo con un repertorio nuevo para él y sus músicos. Los músicos siempre cantan en sus recitales el pasado –reciente o remoto– de su repertorio. Él cantó en esos shows el futuro, lo que iba a ser un disco y un dvd. El resultado fue, como en el caso de Lágrimas negras, sorprendente. Otra vez más el Cigala llevó el tango, las zambas y las milongas a su mundo, sin perder la esencia de las canciones.
El Cigala es un intérprete impresionante, dueño de una voz magnífica y una afinación perfecta, pero además es un creador capaz de hacer sonar creíbles y propios temas alejadísimos en época y espíritu a lo que en principio podemos considerar su mundo. El álbum ganó el Grammy Latino al mejor disco de tango. Fue con ese espectáculo que el Cigala visitó por primera vez Montevideo en 2010, en un recordado recital, donde estuvo como invitado (al igual que en los shows del Gran Rex) Andrés Calamaro.
Ahora regresa a Montevideo con Sintiendo América, en donde interpretará temas de sus tres discos, más algunas canciones inéditas.n
* Lunes 24 de setiembre, Auditorio Adela Reta.