Brecha Digital

De todas partes vienen

La frase tiene su gracia: la historia de la historieta nacional seguramente deberá analizar el auge de la historieta histórica en los primeros años del siglo xxi. Algunos lo atribuirán a los apoyos estatales. Otros a una identificación apurada entre identidad e historia. Otros dirán que lo mismo sucedió con la literatura y que ahí no había ni Estado, ni apoyos, ni nada.

Lo cierto es que en los últimos años han aparecido decenas de libros y revistas con un poco o mucho de historia en ellos. Los últimos días del Graf Spee, Acto de guerra, La isla elefante, Historiatas, Cardal son sólo algunos ejemplos.
En este grupo entraría, con comodidad, Bernardina hacia la tormenta, editada por Estuario y Belerofonte con el apoyo de la Comisión del Bicentenario. El subtítulo es una declaración de intenciones: “El éxodo desde adentro” (1811-1812). Y hacia “adentro” del éxodo fueron Matías Castro (guionista) y Daniel González (dibujante).
El recurso es el de contar los avatares de la marcha hacia el Ayuí desde el punto de vista de aquellos que, en el fondo, construyeron su mística. Porque si el éxodo es un relato fundante esto se debe a la idea del pueblo que abandona todo por seguir a un caudillo derrotado. Castro se propone, entonces, un poco reconstruir y otro poco imaginar a algunos individuos de esa masa genérica que suele llamarse “pueblo” y para ello realizó una investigación sobre la que da cuenta en el apéndice al relato gráfico: nombres, descripciones, el censo que levantó el propio caudillo, etcétera. En ese censo se registra a una tal Bernardina Acosta, que viajaba con sus dos hijos y un esclavo. El resto es historieta.
Así, el guionista imagina lo que debe haber significado aquella marcha. Imagina cómo puede haber sido cruzar los ríos en carreta, las penurias, el frío, el hambre. Los dibujos de González son precisos y adquieren un gran vigor y dramatismo en la acción pero retienen la sutileza del detalle e incluso del guiño cuando el relato lo permite (por ejemplo, en uno de los puntos centrales del relato, cuando el niño cree ver a Artigas, la representación esquemática del héroe recuerda al famoso monumento del cerro de Minas).
Si para narrar este momento particular de la historia uruguaya se recurriera a las distintas maneras en que cada historieta de corte histórico se enfrentó al dilema fidelidad/imaginación, debemos decir que en el caso de Bernardina… la apuesta de los autores fue hecha a favor de la fidelidad. Castro nunca se lanza a insertar una aventura propiamente dicha en medio del éxodo, y si bien debe haber sido horriblemente penoso atravesar ríos y tormentas, tener frío y hambre, la manera de que todo eso se sienta en los huesos de quien lee es hacer pasar a los personajes no solamente por la tormenta que te sacude sino por la tormenta que te cambia. El relato de Castro triunfa en mostrar que verdaderamente el éxodo fue un acto de fidelidad absoluta aunque Artigas estuviera a quilómetros de distancia y, desde lejos, pareciera un monumento. Sin embargo, un poco más de confianza hubiera bastado para hacer vibrar el relato.
Es verdad que no es sencillo animarse con un episodio tan emblemático y mucho menos en un proyecto con un sello de bandera artiguista y que celebra los 200 años de aquellos hechos. Pero si bien no esperábamos a un Artigas cazavampiros hubiera sido divertido que por ahí se insinuara un chupacabras.
Bernardina hacia la tormenta, de Matías Castro y Daniel González. Estuario/Belerofonte, Montevideo, 2012. 98 págs.

 

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