Brecha Digital

Un gringo con mañas

Por más que el personaje que aquí interpreta Mel Gibson sea un pillo de siete suelas, la historia se encarga de demostrar que sus víctimas son casi siempre malhechores de mayor rango, acostumbrados a moverse tanto dentro como fuera de la ley.

De ahí que el protagonista de inmediato le caiga simpático a una platea deseosa de que todo le salga bien a un pez chico que se las ingenia para burlar a corruptos, explotadores y mafiosos de la peor calaña. Gran parte de la acción transcurre en un caserío mexicano fronterizo llamado El Pueblito, en medio del cual se levanta una prisión más abierta que la que describía el sainete rioplatense Ya tiene comisario el pueblo. Allí “alojan” al delincuente Gibson, autor de un audaz robo cuyo botín ha pasado a manos que conviene no revelar. Las entradas y salidas del Gringo que se sabe ganar un lugar en el nada presentable villorrio lo llevan a idear artimañas que lo conducen a hacerse amigo de un pícaro adolescente de la calle, hijo de una prostituta de buen corazón –silueta a cargo de Dolores Heredia, integrante mexicana del elenco de Teatro Sunil, frecuente visitante de Montevideo– a quien también decide proteger, a hablar español con inesperada soltura y hasta hacerse pasar por allegado de confianza del mismísimo Clint Eastwood.
El humor asoma entonces por fortuna en diversos tramos del desarrollo, aliviando en parte los desbordes sanguíneos de varios enfrentamientos colectivos que el director Adrián Grünberg resuelve echando mano a la cámara lenta, mejor aprovechada por Sam Peckinpah en La pandilla salvaje, un antecedente tan violento y valioso como difícil de emular. El resultado final, aparte de los balazos, las hemorragias y las alternativas de una operación de hígado en primer plano, se vuelve más inofensivo de lo que cabría suponer, dados los excesos mencionados. Aunque no sea fácil creerlo, Grünberg logra obtener frecuentes sonrisas y hasta un par de carcajadas de los espectadores en una historia que permite a los demás actores sacarle el jugo a las siluetas que les toca componer en torno al solvente Gibson, no tan disminuido como para no poder sacar a relucir los recursos que quizás le permitan salirse con la suya. n

 

Get the Gringo, Estados Unidos/México, 2012.

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