Decir adiós

Y queda la memoria

Corren tiempos en que los medios conceden escasa importancia al fallecimiento de las figuras del mundo del teatro –y del cine– que llevaron a cabo su tarea con creces en décadas pasadas. El olvido de algunos, el menoscabo de varios y la ignorancia de los otros hacen lo suyo entonces para que un director de primerísima línea como Leonardo Favio fuera apenas reconocido por algunos como cantante y que el nombre de Olga Zubarry, una actriz sincera y diferente que el cine argentino no siempre supo apreciar, no sea destacado en profundidad. En este año que llega a su fin, tres figuras de esta orilla del Plata hicieron asimismo mutis aunque, en el caso de Raquel Seoane, el deceso haya ocurrido en México. Luego de una larga carrera y militancia en El Galpón de Montevideo, obligada por la dictadura, la actriz, junto a gran número de sus compañeros, había emprendido el exilio. En la capital mexicana, al lado de su esposo de entonces, el actor y director Blas Braidot, Seoane había fundado una importante escuela de actuación para la cual siguió trabajando hasta los últimos momentos. Hacía mucho tiempo que no visitaba Uruguay, pero su paso fue importante dentro y fuera del país en el que se había formado.
Mery Greppi, a pesar de no haber aceptado los papeles que varios compañeros seguían ofreciéndole, iba a menudo al teatro y saludaba a todo el mundo con la simpatía, la humildad y la fineza que siempre la habían caracterizado. En la memoria de los privilegiados que la vieron años ha en el protagónico de La tigra, de Florencio Sánchez, queda un espléndido logro de una carrera que se fue espaciando debido a que Greppi era también dentista. Entre los trabajos que aceptó en tiempos más recientes, debe figurar su composición de madre en Una vida color topacio, de Luis Novas Terra. En otra versión de ese mismo título, había visitado Montevideo Omar Ostuni, actor, director y escritor sanducero, muy ligado a la organización de los primeros encuentros de teatro del Interior y autor de El otro teatro uruguayo (Una historia para conocernos). Para el mejor de los recuerdos queda también su interpretación del profesor en la versión sanducera de la emblemática Semilla sagrada, aquella audaz obra que Sergio Otermin se había animado a escribir y protagonizar en Montevideo en tiempos harto difíciles.

Текстиль для дома, Вышивка, Фурнитура, Ткани
автоновости