Revolución y cerveza
- Última actualización en 18 Enero 2013
- Escrito por: Ana Laura Barrios
“Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono Sur”
Bajo el sonido estridente de “Pa’l norte”, de Calle 13, varias imágenes del período anterior a la dictadura uruguaya se exhiben en una televisión que se vuelve el centro de la escena. Al son pegadizo de fuerte arraigo latino
–construido desde un discurso más cercano al marketing que a las ideologías– aparecen escenas del “pachecato”. Según el autor y director Santiago Sanguinetti, un dramaturgo debe generar impresiones, que motiven, que provoquen. Y sin duda las genera en esta escena inicial que apelando a los sentidos delinea las contradicciones de un tiempo actual hijo de un pasado que dejó sus huellas en varias generaciones. La propuesta nace como una gran ironía y desarrolla este recurso en tono de comedia. En un apartamento (recreado en un acertado diseño de escenografía a cargo de Sebastián Marrero y Laura Leifert, que deja ver detrás de las paredes) cuatro estudiantes de filosofía planean un atentado en la Facultad de Humanidades en nombre de la revolución. El autor ironiza sobre la gestación de esa posible revuelta en la actualidad, mientras devela las contradicciones y sinsentidos de estos personajes que, siendo instruidos, no logran digerir de forma clara las ideas y teorías del pasado. Mientras planifican su delirante acción discuten como niños inmaduros, dialogan en el juego de la copa con el espíritu del Che Guevara y piensan en el futuro de sus hijos: dos pequeños que permanecen en sus coches, ocultos a la mirada del espectador, representantes silenciosos y perturbadores de las futuras generaciones.
Sanguinetti es un autor difícil de categorizar pues, como afirma Gabriel Calderón en el prólogo del libro Dramaturgia imprecisa (Estuario, 2009): “Santiago escribe de tal forma que parece que de obra a obra cambiara totalmente el dramaturgo”. Sin duda su mirada es ecléctica, pero siempre ligada a un abordaje reflexivo de un entorno tan oscuro como hostil. Recordemos las puestas de Limbo (2007), en su planteo fantástico y existencialista, Obscena (2009), como juego experimental del dentro y fuera de escena en el desarrollo de tres historias sobre lo obsceno, Ararat (2009), drama apocalíptico con puesta a cargo de la Comedia Nacional, Fuga de ángeles (2009), obra coral de personajes bizarros con influencias del realismo mágico y Nuremberg (2011) monólogo crudo de un skinhead.
Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono Sur desarrolla su virtud discursiva como herramienta de denuncia del accionar de estos personajes puestos bajo la lupa en sus contradicciones. El elenco en conjunto sostiene la ironía (Carolina Faux, Alejandro Gayvoronsky, Bruno Pereyra y Josefina Trías) y las mejores situaciones de humor aparecen de la mano de Gayvoronsky, quien domina con fluidez los tiempos de la comedia. La obra forma parte de una saga, modalidad que vienen desarrollando varios autores contemporáneos, con influencias claras de la dramaturgia argentina. El segundo volumen de esta “trilogía de la revolución”, titulado Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución en el Caribe, acaba de recibir el premio literario Juan Carlos Onetti otorgado por la Intendencia de Montevideo.

