Alquimia teatral
- Última actualización en 01 Febrero 2013
- Escrito por: Ana Laura Barrios
“La tempestad”
Montevideo recibió la visita de la Chekhov International Theatre Festival Company, compañía rusa que bajo la dirección del británico Declan Donnellan presentó tres funciones de La tempestad de Shakespeare en el teatro Solís. Donnellan es un conocedor de Shakespeare, ha realizado 13 puestas de sus obras y con La tempestad demuestra comprender la naturaleza del clásico, manteniéndolo vivo y acercándolo al público en un lenguaje contemporáneo.
Dada la fluida dinámica planteada para esta puesta, en que la escenografía no tiene grandes despliegues sino que se trata de una sencilla pared con tres puertas que permiten el juego básico entre el arriba y el abajo y el atrás y el adelante, las distancias con el idioma (la puesta contó con subtítulos en español) desaparecen. El numeroso elenco consigue mantener la atención en su sentido del drama y el humor que caracteriza esta pieza, siendo cada actor en el desarrollo de su personaje el motor de las escenas. El director elige crear las atmósferas mediante proyecciones que, acompañadas por la ambientación sonora de instrumentos tocados en vivo, otorgan al montaje un fuerte contenido visual. Es que Shakespeare fue un autor moderno, y este acercamiento a la que se cree fue su última obra no reniega de ello.
Con un vestuario actual, la historia de Próspero, Miranda, Ariel, Calibán, Ferdinando y Alonso quiebra lo clásico, no sólo desde esta elección estética. El director hace varios guiños al espectador, desde explicitar el carácter ficticio de la historia de modo abrupto (encendiendo la luz de la sala para dar fin a un musical absurdo aparentemente salido de tono), hasta referir a los nuevos monstruos de la sociedad, como el fenómeno del consumismo en su extremo más superfluo. La sorpresa busca desacomodar al espectador y consigue los mejores momentos de humor de la puesta, que se aleja de lo trascendente para recordar que la escena es un área de libertad y de juego.
El elenco ruso (proveniente de un país con una historia teatral fuerte) despliega su talento bajo la premisa del artista global, con un gran dominio interpretativo y corporal haciendo suyo cada rincón de la escena. Donnellan respeta los grandes temas de este clásico como el poder, la venganza y el perdón, y utiliza un elemento escénico básico como tópico de esta tempestad: el agua. El líquido en su capacidad de transformación y purificación aparece en varias escenas mientras los personajes mutan hacia un desenlace metateatral como sólo Shakespeare sabe delinear. Una muy bienvenida visita que aporta a nuestra escena otra mirada posible a este universo mágico y alquímico que perdura vivo a pesar del paso de los siglos.

