Brecha Digital

El mundo está loco, loco, loco

“El lado luminoso de la vida”

Comenzada la danza previa al Oscar, esta película* dirigida por David O Russell (Tres reyes, El ganador) se postula a ocho de las estatuillas, y lo hace desafiando a sus rivales “serios” (Lincoln, Argo, La noche más oscura) desde un género tan añorado como venido a menos en las últimas décadas: la comedia. Una comedia que une una mirada a la vez cariñosa y sarcástica a la baja clase media estadounidense y una evocación –anacrónica pero funcional– a la vieja comedia romántica, exhibiendo sin vergüenza sus tópicos más recurrentes. La primera de esas vetas es, por lejos, la más sabrosa. Todo un cuadro familiar y hasta barrial y colectivo se arma cuando Pat (Bradley Cooper), un treintañero profesor de historia suplente, se reintegra a su hogar paterno después de una internación para tratar su bipolaridad, que había explotado malamente al encontrar a su esposa teniendo sexo con el profesor titular. En ese hogar está su padre (Robert de Niro), un sesentón chiflado por su cuadro de fútbol (americano) y las apuestas en torno a los partidos, un hermano insoportable que visita de vez en cuando, y una madre cálida y protectora (Jacki Weaver) que desde un perfil bajo procura mantener la armonía de su excéntrica familia. Lo de la chifladura de papá no es broma: no puede ingresar a los estadios por armar lío en los mismos, para que su cuadro gane practica todas las cábalas imaginables, desde cuidar obsesivamente que los controles remotos estén en la misma posición hasta la ubicación de cada uno frente a la pantalla Pero además está el amigo y vecino (John Ortiz), permanentemente atribulado por ganar dinero para llevar a su casa todos los chiches necesarios e innecesarios del supuesto confort que enloquecen a su esposa, el hermano de Pat que contabiliza frente a él los triunfos propios y los fracasos del otro, y luego aparece Tiffany (Jennifer Lawrence), una muy joven viuda que tramita su duelo practicando sexo por doquier y sin mirar muy bien con quién. Queda claro que Pat, Tiffany y sus obsesiones –cuyo manejo mutuo se da en la aspereza y la confrontación pero armando el obvio camino de encuentro– están en el centro del asunto, pero también que el universo que los contiene no se queda atrás en su generosa oferta de locuras varias. Todas las instancias de ese mundo casero y popular –que incluye los roces, compadradas y complicidades en las afueras de un estadio– están resueltas con soltura y firmeza, y así como los primeros rounds entre los dos miembros de la predestinada parejita, tienen una impronta de frescura y de desparpajo, con un humor rudo y políticamente incorrecto que más hace acordar a la vieja comedia a la italiana que a la estadounidense, y al que el compacto elenco contribuye notablemente.
Cómo se las arregló Russell para enhebrar esta divertida zona áspera con el edulcorado “sueño americano” –tú puedes, ellos pueden, la música y el baile son un camino soñado, las disparatadas coin­cidencias existen– que aporta la culminación, no se sabe pero lo hace. La tradición de la comedia indica que puede provocar, criticar, zaherir, pero si se puede, no está mal que al final sus criaturas sean consoladas. Y el espectador, faltaba más. La cara de la gente a la salida del cine reveló cuánto acertó Russell al aplicar tan sospechosa mescolanza. n

*   Silver Linings Playbook. Estados Unidos, 2012.

Escribir un comentario