Las oportunidades surgen donde menos se las espera
- Última actualización en 15 Febrero 2013
- Escrito por: Ronald Melzer
“Bestias del sur salvaje”
Esta es, entre las que compiten por los Oscar principales de 2013, la película* independiente o “primeriza” por antonomasia. Su coguionista y director, el neoyorquino Benh Zeitlin, sólo había dirigido un par de cortometrajes cuando a los 28 años encaró esta producción cuyo presupuesto total él mismo suele estimar en menos de un millón de dólares, una cifra ridícula para los estándares de Estados Unidos. La otra guionista, Lucy Alibar, es una dramaturga que sólo había estrenado en el circuito off-Broadway una obra teatral que, precisamente, fue el pie inspirador de este proyecto. La mayoría de los actores, entre los cuales la niña protagonista Quvenzanéh Wallis y Dwight Henry, que interpreta a su convaleciente padre, nunca habían estado frente a cámaras; los demás actores tampoco tienen fama o prestigio previo. Casi todos los “cabezas de equipo” –músico Dan Romer, director de fotografía Ben Richardson, montajista Crockett
Doobs– son debutantes. Sólo la directora de arte, Dawn Masi, tenía experiencia dentro de la industria, y vaya si ésta fue útil: su rubro es fundamental en una historia filmada y ambientada en los terrenos más deprimidos –en todos los sentidos de la expresión– del Deep South (estados de Louisiana, Georgia, Alabama, Mississippi), donde huracanes como el Katrina han descabezado las viejas y presuntamente armoniosas relaciones entre habitantes y entornos geográficos.
No cuesta imaginar a Bestias del sur salvaje como el resultado de una serie de reuniones neoyorquinas informales regadas con cervezas y otras sustancias entre varios aspirantes a artistas, el más prominente de los cuales, Zeitlin, cayó una noche con una propuesta que cualquier productor de Hollywood habría tildado, con generosidad, como descabellada: “Acabo de ver en el teatro una obra de una vieja amiga mía. Transcurre en el fin del mundo, o de este país, un lugar arrasado por el huracán Katrina o uno de sus parientes. El protagonista es un niño negro de 7 u 8 años que sueña con aurochs, unos monstruos benignos que podrían salvarlo mientras es criado por su padre, que está en las últimas pero no quiere abandonar su espacio. La comunidad se organiza y se resiste a la evacuación que organizan el comisario, los municipales y el gobierno. La gente, blanca, negra y mezclada, es muy pobre y enfrenta todo tipo de enfermedades pero jamás pierde el optimismo. Sigo con el niño. Cuando éste toma conciencia de que la muerte del padre es inevitable, parte en busca de su madre, a quien nunca vimos y de la cual no sabemos si vive o no. En un burdel descascarado ubicado a la orilla de un río que se está desbordando, se topa con una mujer tan necesitada de afecto como él y que bien podría responder a lo que su prodigiosa imaginación concibe como ‘mamá’. El final no se los cuento pero seguro que se lo imaginan. Con este argumento me gustaría filmar en el exacto lugar de los hechos una película al mismo tiempo introspectiva, optimista, fantástica, antirracista y social. Un cuento de hadas con los pies sobre la tierra, o dentro del agua”.
Descabellada pero no imposible. El milagro no radica, sin embargo, en que la producción haya prosperado, sino en su éxito. A partir de dos cambios sustanciales con respecto al original teatral, obtuvo el máximo galardón del Sundance, se presentó en el Festival de Cannes, obtuvo allí el reconocimiento de la crítica internacional y el correspondiente premio Fipresci, emprendió entonces una larga cadena de festivales, siguió ganando premios, fue casi unánimemente reconocida por las distintas asociaciones de críticos estadounidenses, llegó a los Oscar, quizás acapare un par de ellos. Con respecto a los dos cambios, son los siguientes. El niño que protagoniza el original es en la película una niña, con lo que la relación con su padre alcanza aristas más ambiguas, más problemáticas, más ricas. Y la nueva obra tiene, gracias a la dirección de arte, al montaje y a la fotografía, sin perjuicio de los fervientes deseos del director por contar algo que evidentemente lo apasionó –y ese es el único paso imprescindible si se pretende trasmitir pasión–, una enjundia, una voluptuosidad y un encanto visual inauditos. En 1988 el director ruso Andrei Konchalovsky hizo, con escenografía similar y personajes adultos equiparables aunque interpretados por actores profesionales, Gente como nosotros (Shy People), de excelente factura pero concebida desde una perspectiva exterior, incluso extranjera. En comparación, Zeitlin luce más interiormente comprometido. Eso sí: habrá que ver si repite en su segunda experiencia, y en su tercera. Le costará. n
* Beasts of the Southern Wild. Estados Unidos, 2012.

