Inquietante y sin respuestas

“Fuera Satán”

Es difícil ver y estimar el cine de Bruno Dumont (54 años, siete largos desde 1997), el director francés más reconocido por la crítica en las últimas décadas. Su última obra estrenada fue para Cahiers du Cinéma “una de las diez películas del año” en el mundo.* Pero no se ha exhibido en casi ningún lado. Una dificultad es que el autor a primera vista “desconfía de la humanidad”, porque “nuestra cultura ha fallado política, social y moralmente”, resume uno de sus críticos. Una propuesta tan deprimente no convoca multitudes. Lo peor es la confusión intencional que generan escenas inquietantes, un clima místico y la creación de una intriga policial para la que no tiene respuesta. El relato se abre sin ningún título o crédito de presentación, como es habitual en Dumont, los personajes no tienen nombre, el primer diálogo a los diez minutos del comienzo no aclara nada y abre más enigmas. Hasta ese momento se ha visto deambular a un merodeador (el muchacho), un Jesucristo triste con pinta de cazador furtivo, quizás un exorcista solitario y silencioso que reza, prende un fuego que no lo quema, se encuentra con una muchacha (ella), quien le confiesa “No lo soporto más”, a lo que él responde, animándola: “Queda un solo camino”. Y todo sigue como venía.
Tanto misterio ocurre en Calais, norte de Francia, ante enormes arenales deshabitados, bajo un cielo azul dominante, a veces con el azul del agua al pie de las imágenes. Los interiores casi no existen, oprimentes y lóbregos. En esos exteriores lo significativo es el fuego (en varias fogatas que se encienden o en un incendio agresivo que consume pastizales) y el agua que a veces produce algún prodigio inexplicable. Fuego y agua son elementos dominantes de las mitologías paganas mediterráneas. Premeditadamente la película está filmada en cinemascope para que ese paisaje ocupe todo el espacio visual con un efecto hipnótico. En la banda sonora hay muy pocos diálogos dichos por actores no profesionales que modulan mal y vuelven confuso lo que dicen. A falta de palabras y de música, que no existe, se oyen cantos de pájaros, cloquear de gallinas, el viento permanente, el agua que rompe en la orilla aunque no se la vea, y fundamentalmente la respiración agitada de alguien (quizás el muchacho o ella, o los dos) que se esfuerza en caminar o correr por esas arenas.
Lo que ocurre no parece gran cosa, pero tiene un aire sobrenatural. Hay apenas cinco viviendas en el pueblito del lugar, y allí aparecen otros personajes identificados en los créditos como un guardabosque, una niña, la madre de la protagonista, la madre de la niña, una excursionista, un hombre con un perro. Suceden entonces varias muertes violentas. El protagonista de lejos le pega un tiro al padrastro de la muchacha, que al parecer la maltrataba, destroza al guardabosque que era un molesto, como exorcista posee a la niña que según la madre está muy deprimida, y hace el amor con brutalidad a la excursionista poseída por el demonio del título. La policía acude, no descubre nada. Encima de esa anécdota pasan cosas poéticamente reveladoras: por un sutil movimiento de cámara en una sola toma ella parece evaporarse en el aire oculta por el cuerpo del protagonista; en una extraña secuencia, guiada por el muchacho debe atravesar un lago sin caer, y con ese procedimiento extingue el incendio del bosque; los dos protagonistas oran arrodillados con las palmas dirigidas al cielo; en las secuencias finales hechas en planos muy distantes ambos se transforman en figuras minúsculas en medio de un paisaje hipnotizante.
A los 110 minutos el filme se cierra sin responder ninguna de las interrogantes que plantea: la policía no aclara los crímenes, el muchacho parece un ser angélico pero mata a más de uno, no se sabe si salva y protege o se apodera de los demás. Y sobre todo no se sabe quién es Satán en este mundo tan poco confiable. Bruno Dumont fue por diez años profesor de filosofía antes de descubrir el cine. Como cineasta ganó dos veces la Palma de Oro en Cannes por La humanidad (1999) y Flandres (2006). Hors Satan fue premio Jean Vigo en la sección “Un certain regard”. Sus películas La vida de Jesús (1997) y La humanidad siguen siendo dos obras maestras. Pero ahora parece dispuesto a cambiar: por estos días presenta en el Festival de Berlín Camille Claudel 1915, cuya protagonista es recluida ese año por su familia en un asilo del sur de Francia donde deja de esculpir y queda esperando por su hermano Paul Claudel. n

Hors Satan. Francia, 2011.

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