“Perdidamente enamoradas”/ “H.D.P.”/ “Urfaust”
Tres propuestas teatrales de estreno reciente se desarrollan en torno a la búsqueda de algo especial que sus protagonistas emprenden contra viento y marea. Tal el caso del trío de chicas de Perdidamente enamoradas, empeñadas en obtener el mejor rendimiento, tanto en las tareas laborales en una empresa de catering como en sus vidas privadas; del anfitrión de H.D.P. que recibe a un trío de amigos para descubrir quién es el culpable de un daño irreparable, y del estudioso de Urfaust, cuya ansia de conocimiento lo conduce a aceptar la colaboración del propio Mefistófeles.
Perdidamente enamoradas (Anglo, sala 2), de Omar Varela y Eduardo Navarro, con dirección del primero, observa las maniobras de Adriana da Silva, Catalina Ferrand y Virginia Rodríguez en los preparativos de una recepción que involucra la proximidad o la llegada de gente que casi siempre les complica la vida. En las idas y venidas del asunto, las muchachas le permiten a la platea enterarse de parte de sus planes y hasta de algunos de sus sueños. Sin mayor novedad en las ocurrencias que llevan adelante un asunto que, en realidad, no alcanza a justificarse, la mejor parte corre por cuenta de la desenvoltura de las actrices –Rodríguez, en particular–, quienes incluso se desdoblan en una galería paralela de personajes que tienen su gracia.
H.D.P. (La Candela), de Gustavo Bouzas, dirigida por Juan Antonio Saraví, mientras arrecian todos los chistes y las fanfarronadas que pueden salir a relucir en una reunión masculina, deja entrever que entre los jactanciosos se encuentra el autor de una mala pasada de marca mayor que el dueño de casa intentará castigar. La originalidad del punto de partida del texto de Bouzas no alcanza a disimular una serie de culminaciones efectistas que, al cabo de la representación, se inscriben más en el terreno de los recursos forzados que en el de la verosimilitud. Saraví hace lo que puede para llevar adelante una puesta apoyada en la soltura interpretativa del propio Bouzas, Horacio Nieves, Christian Zagía y Claudio Martínez.
Urfaust (Victoria), de Juan Sebastián Peralta, a partir de Fausto, de Goethe, con dirección del propio Peralta, acerca a la figura protagónica y a quienes le rodean a una cierta actualidad en la que también hay lugar para la figura mefistofélica que acarrea su perdición. El traslado, además de un par de actitudes y reacciones de algunos personajes que parecen más cercanas al espectador de lo que sugiere Goethe, incluye inesperados toques paródicos en la casi siempre tradicional silueta de Marta y en el mismo Mefistófeles, que no se integran con comodidad al resto de un asunto que Peralta conduce de manera errática y que reclamaría el armado de atmósferas adecuadas –se nota la ausencia de una banda sonora llamada a introducir los momentos en que el diálogo se aparta totalmente del mundo de lo cotidiano– para sostener una historia que, al fin y al cabo, se relaciona en forma directa con la angustia existencial y la búsqueda del conocimiento absoluto.