Olor a rosas
- Última actualización en 26 Marzo 2013
- Escrito por: Ana Laura Barrios
“Huele a fiera”
Una atmósfera border entre la asepsia y la suciedad imprime la identidad de esta puesta. La directora Marianella Morena transita con soltura esta frontera ya que es el centro de sus investigaciones escénicas. Aquí nuevamente toma como inspirador a un autor consagrado, Jean Genet (en la actualidad, ya que Genet sufrió en vida la censura y vivió parte de su vida al margen de la ley), para homenajearlo.
Parte de su matriz, en este caso Las sirvientas (1947), para llevar a la escena una mirada propia y contemporánea del autor. Una gran mesa rige la escena, y su imagen vinculada a los instrumentos cortantes que cuelgan por detrás nos remite a la mesa de un constructor o, por el contrario, a la de un desarticulador (carpintero, cirujano, forense). El escenario actúa como esa mesada para la directora dramaturga que toma el texto de Genet para intervenirlo, partiendo de él para alcanzar un objeto nuevo.
Para Morena el diálogo con los clásicos no es una novedad, y este diálogo no implica una reproducción de sus formas sino una mirada propia a partir de su base dramática. Recordemos sus trabajos sobre Molière (Don Juan, el lugar del beso), Florencio Sánchez (Los últimos Sánchez) y Shakespeare (Las Julietas). De Genet le atrajo otro tópico que es un interés claro en sus trabajos: la representación y sus formas. En Las sirvientas el autor desarrolla la historia de Clara y Solange, dos criadas que en la soledad juegan a tomar el rol de “la señora” de la casa. Ese juego de roles, ese desdoblamiento que ponía en evidencia la representación como construcción, el “como si” del teatro es el juego que Morena explota en Huele a fiera. En esta puesta tres actrices (Gisella Marsiglia, Sarit Ben Zeev y Rosario Martínez) interpretan en tres actos tanto a las criadas como a la señora, todas transitan por todos los roles en un intercambio que busca la indefinición. En el trabajo sobre este triángulo la directora ahonda en la diferencia de clases mientras arroja en tono humorístico una crítica a las condiciones actuales del capitalismo y del socialismo, mirada política que el texto original no persigue.
En un contexto en el que la representación es sinónimo de supervivencia social, Morena la hace visible para devolverla a su entorno natural, el teatro. Utilizando recursos primarios como un simple cambio de vestuario logra el tránsito entre personajes, mientras la palabra (escrita y oral) hace explícito el comienzo y el fin de cada acto. La puesta intercala momentos musicales muy bien resueltos por el elenco que remarcan el carácter de espectáculo con letras de la propia Morena y música a cargo de Rossana Taddei. Las canciones aportan sosiego a la vez que profundizan la reflexión sobre la situación de alienación de Sol y Clara. Mientras a Genet lo inspiró un hecho policial ocurrido en Francia (la matanza de Le Mans) para crear su pieza, a Morena la impulsó la noticia sobre la situación de explotación de las empleadas domésticas bolivianas en una residencia de Carrasco. La puesta se embarca en el diálogo, la crítica y la denuncia social, y reafirma la voz personal de su directora. El elenco responde con precisión a sus lineamientos, y destaca la versatilidad de Rosario Martínez. Son muy cuidados los aspectos técnicos, tanto como el diseño de escenografía y vestuario a cargo de Johanna Bresque.
El Galpón, domingo 10 de marzo.

