Farra continua

“Días de vinilo”

Bienvenida. Una comedia argentina con gracia, sensible, inteligente sin caer en lo pretencioso, picante sin arrimarse a la grosería, un poco conservadora aunque lo suficientemente audaz como para no caer en la moralina más reaccionaria, con un toque nostálgico y otro toque moderno, bien parada –diríase, afincada– sobre una realidad reconocible y, sobre todo, mucho más apoyada en la psicología de sus personajes y en la justeza de sus intérpretes que en situaciones de pretendida o exagerada comicidad, no es cosa de todos los días, o años.

Fue, en la década pasada, cosa del director Juan Taratuto, autor de tres películas, No sos vos, soy yo (2004), ¿Quién dice que es fácil? (2007) y Un novio para mi mujer (2008), que lograron incorporar a bonaerenses ricos, lindos y emocionalmente torpes a un imaginario humorísticamente neoyorkino, “progre” y ligeramente autocrítico (es decir, woodyallenesco) no perdiendo, por ello, una sola gota de autenticidad “porteña”. Directores como Ariel Winograd (Mi primera boda, 2011), Daniel Burman (La suerte en tus manos, 2012) y Diego Kaplan (Dos más dos, 2012) intentaron aplicar la fórmula sin obtener resultados artísticos acordes. Otros, como Hernán Godfried (Música en espera, 2008) y Ana Katz (Los Marziano, 2011), los obtuvieron, pero tropezaron en la taquilla. Días de vinilo es la primera película* de esta índole y con este origen en la que su director, el debutante Gabriel Nesci, luce cómodo en ambos terrenos, el artístico y el empresarial. De todos modos, no sólo el espíritu de Annie Hall (1977) o Hannah y sus hermanas (1986) está detrás de su afán por reírse amistosamente de taras y hábitos imbricados con treintañeros y cuarentones inseguros, inmaduros y “psicobolches”. Los adolescentes tardíos de la ochentosa Diner (Barry Levinson, 1982) y los fanáticos del rock retro de Alta fidelidad (Stephen Frears, 2000) estuvieron, también, en la génesis de esta añoranza de Nesci hacia unos tiempos felices que no volverán en el terreno físico, pero que no abandonaron y quizás jamás abandonen el alma de sus personajes. 

Véanse, si no, los personajes. El centro de la trama lo ocupan cuatro amigos que frisan los 40 años y se debaten entre el recuerdo y la recuperación del rock que amaban y aman, una cierta insatisfacción en su actividad profesional, las crisis sentimentales habituales en esa etapa de la vida, la necesidad de seguir seduciendo aunque la lista de víctimas la integren novias o esposas de amigos íntimos. Uno de ellos (Rafael Spregelburd) ha decidido casarse con su insegura novia de juventud (Maricel Álvarez), lo que aparejará conflictos de todo tipo que podrían explotar en plena ceremonia. El segundo (Fernán Mirás) conduce un programa de radio junto a esa mujer, por un lado se siente atraído por ella, por otro lado flirtea con una cantante casquivana (Emilia Attías) que prefiere acostarse con hombres más apuestos y exitosos. El tercero (Ignacio Toselli) imita a John Lennon en una banda ridículamente llamada The Hitles (Hit más Beatles) y no sabe cómo lidiar con el sexo opuesto, hasta que aparece en su casa una despampanante colombiana de origen japonés (Akemi Nakamura) que podría enseñarle algo sobre la cuestión. El cuarto (Gastón Pauls) escribe libretos de cine pretendidamente artísticos, intenta contratar a un actor increíblemente pagado de sí mismo (Leonardo Sbaraglia, sabrosamente autoirónico), extraña a su ampulosa ex novia (Carolina Perelitti), es rescatado para el amor por una insistente vendedora de cosméticos (Inés Efrón). La historia Pauls/ Sbaraglia/ Perelitti/ Efrón es la mejor de las cuatro, pero el encanto del todo está en la eficacia de los cruces, en la liviana bonhomía de la mirada del director Nesci, en la naturalidad con la que surgen y se despachan las situaciones más hilarantes. También es verdad que ese humor pudo ser más suelto, más punzante, más disparatado, más abarcador, quizás menos condescendiente con gente que, obviamente, integra el círculo de amistades del director. Regla número uno: a los amigos hay que tratarlos como se merecen.

 

* Días de vinilo. Argentina, 2012.

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