“Efectos colaterales”
Con un estilo terso que impulsa a la platea a pensar que todo lo que no resulta claro se habrá de explicar al poco rato, Steven Soderbergh comienza, acá,* a desarrollar una historia que parece apuntar a señalar los estragos inesperados que pueden causar ciertos medicamentos tranquilizantes.
Una muerte, una culpabilidad discutible y discutida, la participación de un psiquiatra que sustituyó a una colega y las equívocas declaraciones de alguien que puede transitar de la posición de victimario a la de víctima, asoman en medio del desfile de menciones a diversas píldoras que los profesionales recomiendan, habida cuenta o no de los efectos llamados colaterales que las mismas llegarían a provocar en algunos consumidores. Pero todo aquello que Soderbergh –y su guionista Scott R Burns– deslizan en la primera parte como para construir una oportuna acusación a los grandes negocios que los laboratorios a menudo hacen en nombre de la medicina sin reparar en daños ni perjuicios, se evapora en una segunda mitad jugada en los terrenos de un thriller de suspenso que tampoco se preocupa mucho por despejar ambigüedades o dobleces de conducta que el espectador merecería entender más tarde o más temprano.
La buena factura técnica –el mismo realizador se encarga de fotografiar el asunto bajo el seudónimo de Peter Andrews– que envuelve a todos los detalles que conducen al desenlace hace pensar que al final se podrá entender, como dicen los españoles, de qué va la película. Nada de eso.
El resultado, aparte de ni siquiera intentar justificar la primera parte, se interna en los pormenores de una intriga policial que dista mucho de lucir satisfactoria. ¿Para qué todo esto? Que lo conteste, si puede, Soderbergh, quien además se da el lujo de señalar que el presente es su último trabajo para el cine, ya que piensa dedicarse a otras actividades. La decisión, considerando que en los tiempos de su presentación con Sexo, mentiras y video logró hacer más ruido que las nueces que posteriormente recogiera, luce sensata. Es probable que en terrenos ajenos a la dirección cinematográfica consiga hacer cosas mejores sin tener que comprometer a técnicos y artistas prestigiosos para navegar entre dos aguas lejos de puerto alguno, como sucede ahora aquí.
*Side Effects, Estados Unidos, 2013.