La luz de los contrastes
- Última actualización en 12 Abril 2013
- Escrito por: Rosalba Oxandabarat
“Tournée”
Se inició en los menesteres de la asistencia de dirección –se cuenta que sus primeros pasos los hizo con Iotar Iosseliani–, pero aunque ya tiene tres filmes como director en su haber, Mathieu Amalric es conocido acá casi exclusivamente como actor y al mando de directores como Assayas, Miller, Desplechin, Resnais. Aunque, seguramente, fue su inclusión en dos películas hollywoodenses –Munich, de Spielberg, y Quantum of Solace, el último opus de James Bond– lo que identificó para el gran público su peculiar rostro de niño envejecido.
Tournée* es una road movie, una película sobre el mundo del espectáculo, una comedia con visos dramáticos o un drama con pasos de comedia. Joachim Zand (el mismo Amalric) es el manager de un grupo de music hall estadounidense, que lleva a Francia con la expectativa de un cierre a lo grande en París. No una troupe corriente, ni un manager común. Las “chicas” no responden para nada a la convención en el asunto; son mujeres en su mediana edad, pasadas de peso según los estándares en boga, lo que no les quita un ápice de seguridad en sí mismas, ni de sensualidad y de gracia en sus espectáculos que combinan la danza, el canto, el strip tease y el humor en dosis suficientes para dinamizar los escenarios y la pantalla. Se llaman Dirty Martini, Mimi le Meaux, Julie Atlas, y cosas por el estilo, y también hay un muchacho llamado Rocky, faltaba más. A su vez, Joachim es un expulsado que quiere volver triunfante al solar natal, donde dejó dos hijos chicos, malos recuerdos y seguramente cosas peores. Con un gran bigote y sacos de terciopelo, fumando y bebiendo sin parar, castigando teléfonos y encargados de hoteles, fungiendo –mal– de padre entre show y show, Zand trata a sus representadas con la galantería –y eventualmente la energía– de un sagaz y exitoso productor que lidiara con superestrellas exigentes y exigidas. Mientras, lejos del elusivo París, la troupe actúa en ciudades portuarias y provincianas, inundando los hoteles de risas y zarandeos y eventualmente fastidiando o seduciendo a otros noctámbulos o figuras de tránsito, Zand trata de encontrar en los lazos del pasado la vía que le permita alcanzar la ciudad luz.
En el origen hay una narración de Colette, pero el lejano referente literario (1913) se deslíe en el a la vez bullente y melancólico universo contrastado que propone el realizador-actor. El glamour desde otros presupuestos, pero sin dejar de serlo, reivindicando una carnalidad ajena al laboratorio y al gimnasio; la búsqueda del éxito desde el fracaso, y a la vez “triunfando”: la luz, el brillo, la deshinibición y la energía derramados lo prueban; la ficción –la de la película– desde la realidad: Miranda, Suzanne y las otras son efectivamente artistas del neoburlesco –así se llama el género– y no actrices haciendo de ellas, Amalric es un francés que se trae a todas esas neoyorquinas a Francia. Para hacer una película arriesgada por su combinación de pequeñez y de grandeza.
* Francia, 2010.

