Brecha Digital

Llorar y después enterrar

“Escandinavia”

No es reto fácil para un actor enfrentar un monólogo, aunque la soledad de la escena posea también su seducción. Tal vez impulsado por esa fascinación, el director argentino Rubén Szuchmacher eligió volver a las tablas en su rol de actor, después de diez años.

En Escandinavia (unipersonal escrito por Lautaro Vilo, especialmente para Szuchmacher y dirigido por ambos) todo nos refiere a un “lugar”: un sitio geográfico mencionado como nombre de una novela y asociado al clima frío del Norte. La sorpresa –que atraviesa toda la obra– se instala desde el comienzo del discurso del protagonista, cuando se descubre que el contexto frío al que refiere el título es un velorio, el de su compañero de vida.
Los actores en la escena se conectan a la vida, y Szuchmacher (quien perdió a muchos seres queridos en un período corto) imprime a su creación necesariamente rasgos autobiográficos y una fuerte presencia corporal y gestual, logrando así un movimiento tan catártico como vital. La puesta trasmite el estado de shock que acompaña el dolor que provoca la muerte en una sucesión de escenas fragmentadas presentadas en un lenguaje casi cinematográfico, visualmente reforzado por el efecto reiterado del apagón. Lejos de instalarse en un registro de drama realista, Escandinavia transita por varios cambios de tono abruptos, desde el grotesco hasta el humor negro, llevando al extremo las posibilidades de la ficción siempre anclada, sin embargo, en el dolor. En un tono coloquial el protagonista resta afección a su situación en sus diálogos con los invitados al sepelio, sus intercambios con las fuerzas policiales (tras .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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