Brecha Digital

Operación homenaje

“Rigoletto en apuros”

La causa luce justa: reivindicar la alegría, la intensidad de vivir para los ancianos, en un mundo de use y tire y que ha establecido un persistente e indomeñable culto a la juventud. Desde aquella lejana Volver a empezar (1981), de José Luis Garci, hasta la fecha, los viejos han vuelto a enamorarse, a ser tenidos en cuenta, a recuperar su individualidad más o menos completa, al menos en el cine. Pero aun las causas justas pueden excederse en su mensaje y patinar en los medios por los que se las expresa.
Ese espíritu también alimenta esta primera dirección de Dustin Hoffman. Basándose en una pieza de Ronald Harwood –guionista de El pianista–, Hoffman reúne un conjunto singular de ancianos, todos músicos interpretados por ellos mismos –con excepción del cuarteto protagonista y algún otro–, retirados en una mansión en la campiña británica que podría hacer palidecer de envidia a nuestros propios artistas de avanzada edad y magras, cuando no inexistentes, jubilaciones. El cuarteto sí está encomendado a actores, y de qué talla: al actor Hoffman le debe haber resultado un placer, si no un honor, dirigir a y departir con Tom Courtenay (Reggie), Pauline Collins (Cissy), Bill Connolly (Wilfred), Maggie Smith (Jean), Michael Gambon (el regista). Todos viven en armonía entre ensayos, recuerdos y manías con algún toque de excentricidad, aunque Cissy tienda a olvidarse de todo, Wilfred reitere cargosamente sus bromas galantes, Reggie arrastre una incurable seriedad y el regista destrate a todos. La última en llegar es Jean, en sus tiempos una superdiva, y .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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