Brecha Digital

Los caminos que conducen a Bagdad (y a Tony Blair)

“La verdad a cualquier precio”
A poco de empezar la película,* un flashback muestra a dos adolescentes ingleses, proletarios, cerveza en mano y el mar adelante, fabulando sobre destinos posibles para sus viajes, acaso para sus vidas. El flashback es breve, lacónico, y diferente, en su tono, al resto de las imágenes y sonidos, que pronto se volverán más grisáceos, aterradores y, aun, cínicos. Otros flashbacks, más largos y temporalmente coincidentes con recientes incursiones angloestadounidenses en Oriente Medio, muestran a esos personajes, ya treintañeros, en disputas caseras, amorosas y bélicas, en Inglaterra y en Irak; la utilidad de estas secuencias es, sobre todo, informativa. El tiempo presente del relato se inicia con la llegada a casa del cadáver de uno de esos hombres (John Bishop) 

–presuntamente asesinado en un atentado terrorista– y prosigue con la furibunda rebeldía de su mejor amigo (Mack Womack), que asumirá el papel de investigador, ángel vengador e interrogador decidido, cuando no exterminador de pusilánimes británicos y colonialistas más preocupados por sus propios negocios que por el bienestar de su pueblo y, ni que hablar, de los pueblos ajenos; está claro que los iraquíes llevaron la peor parte en este negocio.
Pero eso no quiere decir que a los ingleses de buena leche, aunque cada tres palabras intercalen el consabido fuck con acento cockney, les haya ido demasiado bien. La investigación de Womack atravesará fronteras físicas y mentales, como la soledad y las dudas de la viuda de su camarada, los mensajes que éste dejó en celulares y en Internet y que podrían revelar el revés de la trama, las mentirillas y mentiras groseras de los jefes de operaciones y de sus secuaces, las actividades “legales” y clandestinas de un ejército de ocupación asustado, corrupto y probablemente genocida, las torturas practicadas allá y acá, la ambigüedad de la conducta de los iraquíes residentes en Londres y hasta el probable carácter clandestino de muchas operaciones, para culminar en un tour de force que a todos dejará preocupados y a nadie indiferente. Así, el antihéroe más bien desagradable del comienzo se transformará en un héroe trágico capaz de arrastrar consigo las motivaciones más altruistas, lo cual no deja de lucir lógico dentro de esa democrática Inglaterra que sólo sirve de pantalla para un puñado de contratistas inescrupulosos. Si Tony Blair vio esta película, seguro se molestó... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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