“Verano y humo”
Esta puesta dirigida por Roberto Jones (Perdidos en Yonkers) se apega a todos los estándares del teatro de texto, y desde una correcta mirada clásica reproduce al autor que siempre está presente en la cartelera montevideana: Tennessee Williams. Más recordado por las adaptaciones cinematográficas de sus obras como Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc o La noche de la iguana, Jones lo revisita generando una atmósfera de melodrama amoroso con referencias a la edad de oro de Hollywood en la estética visual y musical del espectáculo.
El conflicto transcurre entre Alma (Jenny Galván), la hija de un pastor protestante, y John (Álvaro Armand Ugon), el hijo del médico del pueblo que hereda la misma profesión. Williams desarrolla a través de estos personajes dos visiones contrapuestas del amor y de la vida, que entran en tensión permanente mientras se atraen. Estas posturas ideológicas son llanamente llevadas a la escena desde una estructura simétrica que pone en convivencia dos ambientes familiares antagónicos: el universo espiritual, rígido y puritano de Alma, que se enfrenta a la realidad terrenal, material y objetiva de John. Galván logra trasmitir en la construcción de su personaje femenino las tensiones internas entre el deseo y la represión, la inocencia y la convicción, estados que la atraviesan en la pieza a la vez que mutan con el devenir temporal. Armand Ugon compone correctamente al galán oscuro, volcado al vicio que desprestigia su condición social y profesional.
La tensión amorosa y erótica de la dupla sostiene la puesta, que cae por momentos en su ritmo. El recurso de la invasión de ambientes se agota en el momento de la trágica muerte del padre de John, escena que carece de la verosimilitud emotiva pretendida. Una pantalla de gasa rige el centro del escenario. Más allá de la evocación cinematográfica en los textos que allí se proyectan (a modo de guiño hacia el espectador), su presencia se reduce a una conexión referencial (de una fuente con un ángel, de la noche, de la explosión de fuegos artificiales), siendo un recurso que distrae y no alcanza la integración buscada con la escena.
Verano y humo trae otra expresión de los amores imposibles de Williams, esta vez con un giro final que reflexiona sobre los vaivenes del destino. Roberto Jones vuelve a trabajar sobre este autor en el teatro Alianza (recordemos su puesta de Un tranvía llamado deseo), poniendo su mirada en el texto y en la composición clásica de la escena y sus personajes. Tal vez sin sorpresas arma una correcta versión de un amor de antaño. El elenco cuenta con la participación destacada de Susana Groisman (como la maliciosa madre de Alma), quien regresa a las tablas luego de un año tras recuperarse de un accidente.
Teatro Alianza, domingo 28.