Brecha Digital

Luces, y algunas sombras

Iñaki Urlezaga

Presencia frecuente en nuestro medio, Iñaki Urlezaga y su Ballet Concierto se presentaron en Montevideo, iniciando una gira que continuará por Emiratos Árabes y Egipto. En sus últimas incursiones había realizado Giselle, con María Noel Ricceto en 2008, Carmina Burana, con coreografía del francés Jean Pierre Aviotte en 2009, y un ballet creado por él a partir de La Traviata de Verdi, con Adriana Figueroa, en 2010.
En esta ocasión el espectáculo tuvo dos partes bien diferenciadas; en la primera cuatro piezas breves y en la segunda una obra completa de Frederick Ashton, coreógrafo inglés (ecuatoriano de nacimiento), de enorme importancia en el siglo xx, en particular para el Royal Ballet de Londres, y casi no representado en Uruguay.
La primera parte inicia con el pas de deux del ballet Sylvia –música de Leo Delibes y coreografía de Urlezaga, apoyado en la reconstrucción hecha por Ashton en 1952–, bailado por Urlezaga junto a Figueroa. Es una pieza relacionada con la mitología griega, bella, pero que aporta poco al lenguaje danzario. Mucho más interesante y difícil resulta Espectro de la rosa, con música de Pugni y coreografía que Michael Fokine creó especialmente para ser bailada por Tamara Karsavina y nada menos que Vaslav Nijinski. Con esta obra se presentaron por primera vez los Ballets Rusos de Diaghilev en el Teatro de Montecarlo, en abril de 1911. Su trama trata de una muchacha que volviendo de un baile sueña con el espíritu de la rosa en forma de un joven, con el que baila en su habitación. El trabajo de brazos del bailarín emula los pétalos de la flor, la vestimenta remite a la avant garde del 900, y esta obra corta, que David Gómez baila muy bien, resulta muy disfrutable. Claro que la salida espectacular con un salto prodigioso con el que, según la leyenda, salía Nijinsky de escena, no es fácil de compensar. Luego vino “Carnaval de Venecia”, un pas de deux que Marius Petipa agregó al ballet El diablo enamorado para sus representaciones en el Ballet Imperial Ruso, fragmento que ha perdurado en el repertorio internacional mientras que el resto de la obra se dejó de representar hace mucho. En este caso la coreografía es modificada por Lilian Giovine, directora artística del Ballet Concierto. Es una pieza elegante y bien realizada escénicamente, con los roles principales a cargo de Bautista Parada y de Celeste Losa –la última no parece a la altura del rol, lo que se confirma en la segunda parte con otro pas de deux donde tampoco llega al nivel esperado–. Toca luego, con Iñaki y Eliana, el fragmento final de La Traviata. Prolijamente bailado, sin embargo Urlezaga resulta sobreactuado cuando muere la protagonista y él expresa su arrepentimiento... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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