Algo en común
- Última actualización en 02 Mayo 2013
- Escrito por: Álvaro Loureiro
“¿Y si vivimos todos juntos?”
El vínculo de la amistad –a lo largo de la historia puede asomar algún otro– resulta el lazo que une a un grupo de veteranos que, vista la soledad y el futuro alojamiento en un hogar de ancianos, decide intentar la experiencia de la vida en común. A casi nadie en derredor, habida cuenta de las diferencias de temperamento y costumbres que los caracteriza, le parece una buena idea, pero este grupo de cabezaduras que se conocen desde hace ya mucho tiempo no dan el brazo a torcer. Familiares con otro tipo de problemas y los fantasmas del abandono y del infaltable mal de Alzheimer rondan en torno a estos protagonistas, algunos de los cuales tienen para colmo reservado más o menos repentinos trastornos de salud.
La etiqueta de nada nuevo bajo el sol funciona, sin embargo, sólo en apariencia, porque la película, contra viento y marea, apuesta a que la mirada a sus crepusculares personajes se realice con la simpatía, la comprensión y sobre todo el mejor humor posible como elementos indispensables para seguirles los pasos con el interés que la causa merece. Tal la intención que reflejan el libreto y la realización de Stéphane Robelin, atentos a las idas y venidas de estos seres que, amén de a veces divertirse juntos, discuten, se amenazan y pelean por razones que el espectador puede o no compartir. Como los ojos de Robelin los persiguen de cerca, la platea tiene ocasión de armar causa común con los implicados, más allá de aprobar o no lo que los mismos hacen o dejan de hacer. Se le puede empero objetar a la película un devenir algo antojadizo que, por momentos, arriesga señalar que el orden de ciertas secuencias no importa demasiado para que la acción progrese con la lógica del caso. Las fracturas del hilo conductor, no obstante, las disimula de forma bastante airosa un elenco de lujo que paladea con fruición la tarea de meterse debajo de la piel de las bien dibujadas siluetas. Hay que ver a la siempre hermosa Jane Fonda que, por otra parte, habla francés como una nativa, bordar la cotidianidad de una vieja dama que nada tiene que ver con lo que la actriz hiciera hasta la fecha, o a un Pierre Richard que deja de lado sus laureles de comediante para brindar la imagen conmovedora del amigo que comienza a dar muestras de perder la noción de realidad. Por allí están asimismo la gran Geraldine Chaplin con el exacto sentido de los tiempos para dar las réplicas a quienes la rodean, y un delicioso Claude Rich, incomparable viejo verde de un desarrollo que también incorpora la presencia de un par de jóvenes que se entremezclan con varios de los citados en una película que apela a la adhesión de las plateas más dispares. Por cierto, el final no sólo es bonito sino ejemplar.
Et si on vivait tous ensemble? Francia, 2011.


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