“El último tango”
La historia del coreógrafo que Bob Fosse, contemplándose a sí mismo, proponía en la película All that jazz impulsó años atrás a Álvaro Ahunchain a escribir All that tango, un traslado de aquella idea a una esfera más cercana que funcionó con adecuadas correspondencias. A lo largo de la puesta, Ahunchain, quien también dirigía, insertaba la figura de un hombre de teatro que, entre las marchas y contramarchas de los ensayos de un próximo espectáculo, se daba cuenta de que la muerte rondaba en su torno y lo empujaba a ser más sincero con quienes le rodeaban y, de alguna manera, a despedirse de ellos, de la profesión y de la vida. En el presente trabajo la anécdota sigue en pie, aunque ahora el marco de la comedia –o drama– musical que maneja el autor y director estiliza un asunto que, además de por intermedio de los diálogos, se expresa a través de la danza y, en parte, del canto.
Habida cuenta del ambiente teatral y tanguero donde se mueven los personajes, la nueva versión fluye con naturalidad bien apoyada en la dirección musical de Néstor Vaz y Carlos García, atenta al peso del repertorio tradicional –la idea de recurrir al tema “Adiós, muchachos” resulta la contrapartida ideal con respecto al “Bye, Bye, Love” del original–, así como la coreografía de Laura Legazcue que aporta especial significación a la relación entre los actores-bailarines. Un texto que alude no sólo a las diferentes instancias de la creación sino también a la relación del artista en general con el mundo que lo rodea mantiene, amén de algunas agudezas y conclusiones sugeridas por el propio Fosse, aquellas que incorpora Ahunchain al verse reflejado en espejos que conoce de cerca. Un espacio prácticamente despojado, aunque iluminado con la precisión del caso, resulta el escenario más adecuado para los encuentros y desencuentros del protagonista con las distintas figuras femeninas que marcan su existencia. Apenas si el incómodo empleo del playback en las canciones y el aire un tanto frío y distanciado que Eunice Castro imparte a la silueta de la Muerte disminuyen la contundencia de un trabajo que le brinda a Rodrigo Garmendia la oportunidad de demostrar que sus aptitudes para el baile se entrelazan con las del actor, y al quinteto de bailarinas-actrices que encabeza Gabriela Barboza lograr integrar presencias bien definidas a propósito de esta especie de canto del cisne de alguien que quizás no supo decir basta.
Alianza, sala China Zorrilla, domingo 28.