Brecha Digital

Cómo lidiar con un Dalí en el escenario

“La Verità”

Suizo internacional, Daniele Finzi Pasca es actor, guionista, coreógrafo, clown, director, autor. Todos los roles vinculados con la escena lo han tenido como protagonista en proyectos de enorme trascendencia: Cirque Éloize de Montreal, Cirque du Solei, Teatro Sunil, clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno 2006, y su Compañía Finzi Pasca, junto a colaboradores de mucho tiempo: Antonio Vergamini, Hugo Gargiulo, Julie Hamelin y María Bonzanigo. 

En Uruguay vimos su notable unipersonal Ícaro, con ya casi 25 años de representaciones, y en 2010 Donka, una carta a Chejov. La Verità es una de esas obras compuestas por encargo pero que termina ayudando a cumplir propuestas de la propia compañía que no lograba desarrollar. 

El telón pintado por Salvador Dalí para Tristán e Isolda en los años cuarenta en Nueva York, abandonado en una caja de madera, es descubierto en un teatro. Al mismo tiempo en París, en diciembre de 2010, cuenta Finzi Pasca, y luego del estreno de Rain: “Julie Hamelin estaba convencida de que teníamos que ponernos a trabajar, quería producir un nuevo espectáculo, que teníamos que seguir la línea trazada con la ‘Trilogía del Cielo’ y Donka. Quería un espectáculo donde la acrobacia levantara vuelo. Me leyó una nota que conservaba en uno de sus cuadernos: la verdad es todo lo que soñamos, lo que experimentamos, lo que creamos; todo lo que hace parte de nuestra memoria”.
El telón de Dalí es adquirido por una fundación, y le propuso a Finzi Pasca usarlo en un espectáculo. La decisión se tomó rápidamente, y el problema pasa a ser cómo competir con un original de quince por nueve metros pintado por un genio del surrealismo. “Las imágenes de Dalí pertenecen a otra dimensión, la de los sueños. El lenguaje de la acrobacia, del teatro físico puede fácilmente conquistar ese territorio donde no es ni día ni noche, donde la luz no toca la realidad pero la dibuja, la inventa, la reinventa. El lenguaje de la acrobacia excita nuestro inconsciente, haciéndonos ver paisajes interiores que parecen más verdaderos que lo real.”
Una pintura enorme cubre la boca del escenario con la última escena de la leyenda que Wagner hizo ópera, Tristán ya muerto incitando a Isolda a acompañarlo a la noche eterna, la única posible para los amantes. La compañía anuncia un remate de la obra que se hará en pocos minutos, y luego unas vedettes de burlesque de los años cuarenta, donde se mezclan hombres y mujeres con vestuario y movimientos similares, alternan con la bajada de la pintura en la boca de escena y una pareja, acompañada por un acordeón, ejecuta una increíble coreografía acrobática en tiempo de adagio. Se suceden el humor onírico, el contraste de lo fino y lo absurdo, sin que sepamos bien qué es cada cosa. Trapecios cuadrangulares con dos personas arriba, complementándose, contrapesando e inventando un equilibrio nuevo, una muñeca tamaño natural de extrema fragilidad, manejada por dos portadores que asisten al coqueteo de un contorsionista que parece querer seducirla con su aparente indestructibilidad. Habilidades con pelotas, clowns que se meten en todo de mil maneras, estrafalarios cuidadores del “telón-tesoro”, patinadores, percusión, trapecios con forma de espiral de adn o de ojos, actores con cabeza de rinoceronte jugando al diavolo, cambios rápidos de vestuario, mostrando ropas de otras óperas (Turandot, Carmen, etcétera), enormes esferas con movimientos oscilatorios manejadas por humanos que suben, bajan, bailan y viven en su interior, cactus que no pinchan y finales de cancán nuevamente con hombres y mujeres mezclados y con vestidos rojos.
Todas las emociones, todas las sensaciones, la risa más triste y el llanto más alegre, la velocidad y la lentitud, la música y el silencio, todo se alterna. Los artistas están dándolo todo, compartiendo de igual a igual con el objeto ritual, el telón que no logrará nunca opacarlos y pasarlos a segundo plano, como meros acompañantes de una exhibición. El espectáculo son ellos, los vivos, y la pintura es la que los acompaña y los enmarca. En definitiva, así y para eso fue pensada y creada. n


Walter Veneziani
Auditorio Adela Reta del 2 a 11 de mayo, a las 20.30.

“La Verità”
Cómo lidiar con un Dalí en el escenario

Suizo internacional, Daniele Finzi Pasca es actor, guionista, coreógrafo, clown, director, autor. Todos los roles vinculados con la escena lo han tenido como protagonista en proyectos de enorme trascendencia: Cirque Éloize de Montreal, Cirque du Solei, Teatro Sunil, clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno 2006, y su Compañía Finzi Pasca, junto a colaboradores de mucho tiempo: Antonio Vergamini, Hugo Gargiulo, Julie Hamelin y María Bonzanigo.
En Uruguay vimos su notable unipersonal Ícaro, con ya casi 25 años de representaciones, y en 2010 Donka, una carta a Chejov. La Verità es una de esas obras compuestas por encargo pero que termina ayudando a cumplir propuestas de la propia compañía que no lograba desarrollar. .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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