Alberto Wolf & Los Terapeutas
Me resulta incomprensible la tendencia, que aquí culmina, a la progresiva eliminación de los rasgos tuqueros (o de candombe-beat, o mateísticos) en las músicas de Alberto Wolf, máxime que no los deja en un proceso de superación o evolución, sino para confinarse en algo mucho menos original, el pop-rock setentista que domina su disco nuevo* (escúchese, como ejemplo paradigmático, la progresión más característica de “Breathe” de Pink Floyd en la segunda parte de “Dos monstruos”, o el aire de caricatura de funky-soul argentino o español que tiene “Mis héroes”, o ese rocanrol en menor que es “Escolopendra”).
Por otro lado, Los Terapeutas nunca sonaron mejor. Éste es quizá su primer disco realmente puesto a punto, en cuanto a sonido, con las mejores realizaciones locales (la excelente producción es mérito de Guillermo Berta). Además, “pop-rock setentista” es un campo vasto y rico, y dentro de sus amplios confines Wolf casi siempre hace músicas interesantes, personales, curiosas, y fuerza los límites. Por ejemplo, hay una canción a pura voz y guitarra, otra con acompañamiento de sólo teclado y guitarra eléctrica.
Las letras ganan aquí un relieve especial. No es que tengan un cuidado poético superior al de los ya altos estándares de Wolf (injustamente no reconocido como muy buen letrista), sino que no admiten una escucha distraída. Es más: al menos a partir del quinto surco, hay enganches temáticos entre las letras de canciones sucesivas que dan al todo el aire de un Liedkreis. Lo puse en alemán porque “ciclo de canciones” no da cuenta cabal de ese aire de romanticismo filosófico germano que impregna esos textos (la ascendencia familiar de Wolf no se manifiesta sólo en su largo pelo rubio), que combinan cierto pesimismo oscuro con una vitalidad amoral. “Las mentiras” plantea a las mentiras como el único “bálsamo” posible “para enfrentar el día a día”, inextricables además del propio acto de pensar, y la mentira es la herramienta “para aparearse y sobrevivir”. Esa canción engancha con “Miente”, en que el personaje-locutor constata serenamente (pero la música lo tiñe de profunda tristeza) las mentiras de la ex, mientras contempla “la tristeza de otra cosa buena perdida para siempre”. Y de ahí a “Dos monstruos”, que en vez de intentar seducir con las mentiras, se propone asumir y .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.