Dejen quieta esa cámara
- Última actualización en 16 Mayo 2013
- Escrito por: Diego Faraone
“Las crónicas del miedo”
Como la notable The ABCs of death, esta película está compuesta por varios episodios –seis en este caso– concebidos por directores independientes estadounidenses jóvenes del terror, basados en la premisa de que estén filmados con la estética de “falso documental”. Pero hacer un filme colectivo es un verdadero arte, intento del que es muy difícil salir bien parado: no se trata de agregar y sumar fragmentos sin más, hay que saber ordenarlos, agruparlos, quizá imponer algunos lineamientos para evitar la monotonía y lograr dentro de lo posible cierta variedad temática y formal. En cualquier caso, es inevitable que en una película compuesta de fragmentos haya importantes altibajos; y si la cantidad de episodios es mayor, esta disparidad puede ser realmente abismal. En el cine de terror, las obras dignas son más bien escasas: así como The ABCs of death –que de a ratos brilló gracias a talentos internacionales tan disímiles como Marcel Sarmiento, Xavier Gens y Banjong Pisanthanakun–, también puede destacarse la reciente Three extremes, dirigida por los asiáticos Fruit Chan, Taka-
shi Miike y Park Chan-wook, y que logró mantener una considerable calidad formal y narrativa en sus tres episodios.
Aquí* los fragmentos por separado tienen todos su interés: “Frame 56” tiene el atractivo de la anarquía destructiva y la incorrección política, aunque el final sea el más predecible y rutinario de todos; “Amateur night” cuenta con una de las mujeres vampiro más inquietantes que se hayan visto jamás; en “Second honeymoon” el horror surge al saber que una pareja está siendo filmada por las noches, mientras duermen, por un perfecto desconocido. “Tuesday the 17th” cuenta con un asesino serial muy bonito y estallidos gore que son un verdadero encanto. “The sick thing that happened to Emily when she was younger” juega muy bien con el horror psicológico, y está filmada como un diálogo por Skype en computadoras portátiles. “10/31/98” es tan fresca y naive que parece filmada en otra época y hasta despierta cierta ternura. Los directores reclutados parecen tener todos sus buenos momentos, y es probable que sigamos oyendo de ellos en un futuro.
Pero una película es un todo y aquí la sobreabundancia de adolescentes bobos, el griterío y el desbunde, sumados a una cámara al hombro que no puede estarse quieta, terminan extenuando demasiado, al punto que en los últimos episodios uno está deseando que maten a todos los personajes de una buena vez. Hacer cine significa saber pensar en ritmo, economizar los impactos, las distensiones y los clímax. Aquí esta planificación parecería haberse omitido.
* Las crónicas del miedo. Estados Unidos, 2012.

