“Una pistola en cada mano”
Un espectador burgués, informado, sensible y más o menos atento a lo que hoy día suele sucederles a las personas adultas que forman parte de la sociedad de consumo de España o de cualquier país similar, no puede sino disfrutar a lo grande de estos cinco sketches ciudadanos despreocupadamente atados por el epílogo. Un crítico de cine riguroso, metódico, analítico y más o menos habituado a encontrar el “específico fílmico” allí donde esté, no puede sino sentir cierta insatisfacción vital ante esta sumatoria de representaciones de lo cotidiano que no tienen otro propósito creativo que el de propiciar el lucimiento de sus intérpretes, todos ellos famosos. ¿Quién ganará, dentro de cada quien, al final de esta cabalgata* consistente en cinco cuadros un poco cómicos, otro poco dramáticos, ligeramente reveladores de cosas que ya sabíamos, e invariablemente provistos de un tono zumbón, afable y melancólico? ¿El diletante o el especialista en la búsqueda del “pelo en el huevo” en el manido tema de la representación? ¿El amante del teatro o el semiótico ultracinematográfico? ¿El que transa o el que no transa? ¿El que se conforma con sentirse bien espejado o el que aspira a que le obliguen a reflexionar sobre la naturaleza del proceso con que se fabricó el espejo? Quizás no sea necesario que haya un triunfador. Este cronista deja constancia de su propio e intransferible placer culposo. A caballo de sus situaciones dramáticas tan inteligentemente planteadas, de sus diálogos tan filosos y de sus actuaciones tan naturales, se anima a definir a Una pistola en cada mano como “una chorrera de goces”. Pero no como una “muy buena película”. Como buen teatro mejor filmado, sí. Como un espectáculo llevadero, inteligente y agudo, también. ¿Más que suficiente, menos que suficiente? En fin…
Los cinco cuadros, sketches o acciones, como se quiera llamarlos, se centran en personajes de edad (alrededor de los 40) y condición social (clase media urbana y universitaria) similares, y transcurren en Barcelona; de acuerdo al epílogo, aproximadamente al mismo tiempo. Eduard Fernández, un periodista bohemio, sin pareja estable, sin dinero y sin un futuro profesional claro, se encuentra de casualidad con un viejo compañero de correrías (Leonardo Sbaraglia) que se ha asentado en casi todos los ámbitos posibles; la conversación entre ambos revelará que ni uno, regularmente provisto de pastillas para los nervios, es del todo feliz, ni el otro, borrachín sin complejos, es del todo infeliz.
Javier Cámara, divorciado y sentimental sempiterno, lleva a su hijito a la casa de su ex pareja (Clara Segura), a quien pretende volver a conquistar; ella lo trata con afabilidad, pero en “eso” tiene buenos motivos, quizás los mejores que pueda uno imaginar, para no corresponderle.
Ricardo Darín, según su propia definición un “porteño cornudo”, espera en un parque que su mujer baje del apartamento donde se ha encontrado con su amante, en cambio se topa con un viejo compañero de viaje (Luis Tosar) que más pronto que tarde se confiesa como el tercero en discordia; luego la charla deriva a cuestiones como la camaradería masculina, las inestabilidades femeninas y las alfombras.
Al final de la jornada laboral, el casado (con otra) Eduardo Noriega pretende intimar con Candela Peña, antes una gordita, ahora a régimen y muy apetecible, dentro de un rato una vampiresa que lo esperará en el baño para hacer “aquello”, pero todo es una trampa, claro, que dejará bastante mal parado al nada improvisado seductor.
Jordi Mollá y Leonor Watling, Antonio San Juan y Cayetana Guillén componen dos matrimonios amigos y supuestamente bien avenidos, aunque con dificultades, de distinta índole, en la cama; los cuatro las irán revelando sin pelos en la lengua pero no con su propia pareja, sino con la ajena, lo cual llevaría a no solucionar los problemas, sino a agravarlos.
Mejor que a estas doce personas le va a una decimotercera: Cesc Gay, guionista y director de esta película, evidentemente uno más del grupo. Su comodidad determina el tono de un relato rico en conflictos, en paradojas y en culpas.
* Una pistola en cada mano. España, 2012.