El jazz se viste de Armani

Ya a los 7 años, el marplatense Jorge Armani echaba mano a la guitarra y jugaba a tocar solos encima de los discos de vinilo que su padre compraba, y fundamentalmente sobre El embajador Match, impresionante disco en vivo del magistral Louis Armstrong.

Hacía lo que podía, pero de a poco empezó a entender cómo era eso de seguir la armonía de base correctamente y cómo operaba el mecanismo de la improvisación. Luego vendrían los Beatles y su magia, Led Zeppelin y Deep Purple y su fuerza rockera y, por supuesto, el entrenamiento por lo alto con los grandes guitarristas del jazz de todos los tiempos, de Django Reinhardt a Wes Montgomery, de Kenny Burell a Pat Metheny.
Armani ha mostrado siempre una predilección por tocar en trío, y precisamente esa fue la primera formación con la que arrancó en Mar del Plata y que, con los cambios lógicos, ha venido sosteniendo en el tiempo, trabajando mucho en su ciudad natal, en otros lugares del interior argentino, y un poco más esporádicamente también en Buenos Aires.
Armani cruza a Uruguay una y otra vez: se presenta en pubs y en festivales de jazz, y ha terminado por formar un “trío uruguayo” con el que ha grabado este precioso álbum* para Perro Andaluz, merced a la inquietud del quijotesco productor fonográfico Ángel Atienza. A la vieja usanza de los legendarios músicos de jazz, el disco se grabó en una única sesión el 29 de julio de 2011 en los Estudios Sondor y el resultado es más que disfrutable.
Jorge Armani tiene dos acompañantes inmejorables en Nacho Mateu (bajo) y el gran Osvaldo Fattoruso (batería), a los que se agrega, en dos de los surcos, la presencia como invitado del guitarrista Pablo Chapital. Todos buenos jazzistas y por lo tanto buenos improvisadores, se desempeñan con igual eficacia en los temas propios de Armani como en algunos conocidos standards de la música estadounidense.
Armani no es un guitarrista súper veloz ni particularmente virtuoso; tiene en cambio un sonido muy hermoso, aterciopelado y seductor, basado –tal como sucede con tantos otros guitarristas de jazz– en la utilización de una ecualización más bien grave en los micrófonos de su guitarra, y en un inmenso buen gusto para el fraseo, tanto en el “canto” de la melodía como en las diversas improvisaciones.
El disco se escucha con real placer y tiene sus puntos más altos en “Cambios”, con su aire de candombe, la balada “Aire”, que da título a la placa, los standards “Skylark” y “Just in time” (la primera en tratamiento baladístico, la segunda en un veloz tiempo de cuatro por cuatro con las espectaculares apariciones solistas de Osvaldo Fattoruso) y especialmente en “NLL”, donde la banda abre el libro a todos sus integrantes. Son destacadas las intervenciones como invitado del talentoso guitarrista Juan Pablo Chapital, que da un toque de jazz rock muy bienvenido. Chapital rinde especialmente en “Deep Purple”, tema que cierra el disco con su fusión de jazz, blues y rock.
Renglón aparte merece el notable diseño gráfico y las excelentes fotografías de Pablo Meneses. Ojalá Armani siga viniendo y grabando por aquí. Este disco tiene un aire marplatense que al mezclarse con el de Montevideo consigue una gran brisa. n

 

* Aire. Perro Andaluz, 2011.

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