Condición humana, dicen

La cartelera propone una vasta y contrastante diversidad de propuestas. Es el caso, por ejemplo, de El tobogán, versión costumbrista de la Comedia Nacional sobre un texto de Jacobo Langsner en la Zavala Muniz, y de Las ocho horas, que se presenta, lúdica, como “una tragicomedia de Estado”, escrita por los jóvenes Fernández Hoppe y Schulkin y que traslada al espectador a un espacio no convencional como es el Registro Civil.

EL TOBOGÁN. En sus últimos estrenos la Comedia Nacional ha buscado probar a sus actores en el rol de directores. Esta vez Juan Worobiov dirige El tobogán, de Jacobo Langsner (Esperando la carroza, Un agujero en la pared, La planta) en una puesta costumbrista que cuenta la historia de una familia uruguaya atravesando la crisis económica, cultural y política de comienzos de los setenta. Worobiov trabaja las líneas autorales de esta comedia dramática enfatizando la construcción psicológica de los personajes. La dinámica familiar propuesta por Langsner enfrenta a tres generaciones comprometidas de modo diverso con su contexto social. Son Rosa (interpretada solventemente en su liderazgo por Andrea Davidovics) y Manuel (Jorge Bolani en una excelente caracterización), la fuerte dupla padre-hija que devela los profundos conflictos dentro de esta familia.
El autor ha afirmado que sus obras tratan sobre la hipocresía de la clase media a la que pertenece, algo sin duda patente en Esperando la carroza, ese humor que llevado al extremo del grotesco fungía como denuncia del comportamiento social. En El tobogán vuelve a explorar los vínculos familiares, esta vez sobre la base de un grupo de personajes enfrentados a una situación extrema, luego de que el abuelo (un entrañable Bolani que despierta sensaciones encontradas) se ve enfrentado a una grave enfermedad. Los lazos entre padres e hijos, la emigración tras la búsqueda de un añorado estatus socioeconómico, el enfrentamiento ideológico-generacional de los setenta y una cruda realidad social son algunos de los asuntos por los que transita esta puesta. En una mirada intimista que coloca al espectador frente al espejo, el director se concentra sobre todo en los dramas individuales: una puesta en cuestión más que una toma de partido.

LAS OCHO HORAS. Que la puesta esté montada en un espacio no convencional como es el Registro Civil es sin dudas novedoso. Y sin embargo la obra no parece querer apropiarse del “realismo” que el contexto de la oficina pública podía ofrecer, y por el contrario opta por un espacio estilizado (con una bella escenografía en cartón) en una disposición convencional donde el lugar del público y el del escenario adquieren su modus clásico de separación. En la historia –con referencias explícitas al Bartleby, el escribiente, de Melville– los autores y directores Juan Ignacio Fernández Hoppe (director del filme Las flores de mi familia) y Carlos Schulkin se apropian del misterioso Bartleby como personaje-referente (en esta obra es “Ignacio”, interpretado en su casi mutismo por Ignacio Cawen), y del textual y célebre latiguillo: “preferiría no hacerlo”.
El micromundo de oficina (que por el espacio elegido se traslada inevitablemente al contexto local del funcionariado público, en una mirada inevitablemente irónica sobre su accionar) rige la vida de estos copistas pertenecientes al Centro de Observaciones Detalladas de la Conducta Humana. La ironía de observar el accionar de quienes observan construye la lógica de Las ocho horas. Y a partir de esta lectura todo se torna esperable: la rutina de una tarea automática que se torna vacía (ese ocre que todo lo invade, vestuario incluido), los personajes encasillados en “tipos” reconocibles en toda oficina con sus comportamientos estáticos y obsesivos, la irrupción del funcionario “nuevo” que despierta luchas de poder a la vez que exige un reacomodo de las dinámicas, el uso del arriba y del abajo que instala el juego de un liderazgo puesto en cuestión. Hay un trabajo quizás demasiado evidente sobre la gestualidad, que remarca en exceso las situaciones de humor de los diálogos. Mención aparte merece la excelente interpretación de Federico Torrado en el papel de Fleitas.

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