A telón abierto

Los 25 años del inicio de La Tabaré Riverock Banda propician la reedición de sus dos primeros discos.* Es interesante mirar, ya con distancia, los inicios de esa banda excepcional. Surgió en la eclosión roquera de la salida de la dictadura, pero su figura central, Tabaré Rivero, era mayor (nacido en 1957, su edad biológica está entre las de Fernando Cabrera y Mauricio Ubal).

Tabaré no encajó en el Canto Popular y, mientras dejó relegada su faceta de roquero (por falta de espacio donde ejercerla), se dedicó al teatro. Cuando finalmente armó la banda y ésta llamó la atención, su bagaje musical asimiló la información de los roqueros más jóvenes, pero ya desde una perspectiva más madura y entreverada con influencias y maneras de antes. Además de ese factor, la peculiaridad de La Tabaré tiene que ver, justamente, con que su punto de partida tiene mucho de teatral (su espectáculo de lanzamiento, en 1985, se llamaba Kafé Koncer). Siento que para Tabaré el rock es una posibilidad más de juego escénico, de incorporar ciertos personajes, de movilizar energías en escena y provocarlas en el público (de maneras que no permite una obra teatral). Su ronca “voz de reventado” no es la de un reventado de verdad sino la actuación de un reventado (cuando quiere tiene la voz límpida y timbrada de un locutor de fm). La otra figura de frente, Andrea Davidovics, también es prioritariamente actriz.
El hecho de que la motivación de entrada no sea (o no parezca) esencialmente musical, no implica que no haya una cierta musicalidad en la salida, es decir, un manejo eficaz de los factores musicales que permiten que la cosa funcione, aun si el marco es, por lo general, muy simple. Y que funciona es un hecho atestiguado por la propia perpetuación de la propuesta. Las “incorporaciones” musicales están realizadas con competencia, y de pronto hay incluso canciones con climas muy particulares, sobre todo en el segundo disco, en que la dirección musical fue confiada al guitarrista Gustavo Ogara y la producción a Daniel Maggiolo. Ogara aprovechó esa posición para una serie de surcos en que la guitarra es protagónica (escúchense las preciosas armonías y texturas de “Los buenos, los malos y yo”).
En cierta medida eso de “modernizar” canciones viejas (como en el surco llamado “La kumparsita”) es una travesura rocanrolera antigua (piénsese en “Roll Over Beethoven”, o los Beatles haciendo “Bésame mucho”). Pero, en general, el juego aquí es otro, y tiene que ver con lo de la generación y lo del teatro. Por un lado, implica para Tabaré asumir la ideología originaria del rock, que nunca se pretendió como un género, sino como una actitud en la que entran todo tipo de materiales. Y lo del teatro va en que algunos roqueros podrán vivir cantando “su verdad”, pero todo actor quiere incorporar múltiples personajes. Así que en esos discos aparecen reggae, ska, caribeñeces con marimba, malambo, folk, milksap, rocanrol, “Every Breath You Take” (“A telón cerrado”), punk y un poquito de new wave, y sobre todo tango (el segundo disco se llama Rocanrol del arrabal). Tabaré se diferenciaba de los roqueros del 85 incluso por la pinta (siguió siendo un barbudo en una generación de afeitados), y en la asunción de ciertos criollismos, como ser el grafismo “rocanrol” (y no rock ’n’ roll), y sobre todo la asunción del propio nombre en la designación de la banda (otros Tabarés podrían haber cambiado de nombre y llamarse Taby o Perro Loko o lo que sea, pero éste estampó su nombre indígena/nacional en la cara del público).
Y, lo más importante en el caso, es la forma en que se plasman los personajes y actitudes, lo libertario, las malas palabras, la alusión deshinibida a temas sexuales, el reviente bukowskiano, la crítica social contundente, las angustias de un desplazado (con resonancias en las angustias adolescentes, pero específicas de ellas).
Las reediciones son un primor, en formato Digipak, con excelente impresión y masterizado, con toda la información original, las letras, y además, de yapa, unos temas previamente inéditos de etapas anteriores de la música de Tabaré Rivero.

*     Sigue siendo rocanrol, Orfeo/Bizarro, 5199-2, 2012 (original de 1987) y Rocanrol del arrabal, Orfeo/Bizarro, 5198-2, 2012 (original de 1989).

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