El tierno bandolero
- Última actualización en 10 Agosto 2012
- Escrito por: Rosalba Oxandabarat
Sancho Gracia (1936-2012)
El tierno bandolero
Estuvo en tantas películas, obras de teatro, series y unitarios de televisión que un repaso a su carrera sería poco menos que imposible, y seguramente injusto. Demasiado se caería por las redes de la distancia. Sancho Gracia, nacido en setiembre de 1936 en Madrid, donde murió hace dos días, actuó en cine bajo las órdenes de directores como Alex de la Iglesia (Muertos de risa, La comunidad, 800 balas, Balada triste de trompeta), Adolfo Aristarain (Martín Hache), Jaime de Armiñán (La hora bruja), José Luis Cuerda (Tocando fondo), Juan Antonio Bardem (El último día de la guerra) o Hugo Fregonese (Pampa salvaje).
Las crónicas consignan que la pelea contra el cáncer que finalmente lo mató viene desde 2001, pero también que ni con los dolorosos tratamientos, los períodos de debilitamiento y la pérdida de cabello el actor y productor dejó de hacer cine y teatro y participar en proyectos, entre ellos, una serie sobre cuentos de fútbol, una de sus pasiones, a partir de una antología hecha por Jorge Valdano.
De su extensísimo trabajo en teatro y televisión guardarán buena memoria los uruguayos que vivieron en España, y también acá quienes conocieron al joven español que debutó en escenarios uruguayos en los años sesenta, después de haber estudiado en la emad en tiempos de su coterránea Margarita Xirgu. Para los demás, la imagen más recurrente de este hombre de voz ronca, presencia maciza y enorme sonrisa es la del bandolero andaluz bravío y enamoradizo, seductor y pendenciero que enfrentaba tanto a los ocupantes franceses como a los ricos, autoridades y hacendados en la España del siglo xix. El Curro Jiménez, en cuya gestación y guiones fue capital el talento de otro uruguayo entonces exiliado en España, Antonio Larreta, logró unas cuantas hazañas. Retratando el insobornable orgullo popular español frente al ocupante y al expoliador –casi siempre tan amigos–, y sin desdeñar el humor y la picaresca, conquistó desde la pantalla chica públicos masivos hasta entonces mucho más afines a la épica estadounidense. Dentro de España hizo su camino junto a la recuperación de la institucionalidad demócrata –de ese raro camino provino su amistad con Adolfo Suárez–, encarnando en versión histórica la rebeldía que ya se desmadraba por las calles. El Curro Jiménez –siempre acompañado por el Algarrobo, el Gitano y el Estudiante, sus amigos y compinches– apareció en 40 capítulos entre 1976 y 1978, y en el último de ellos, como haciendo un guiño a la biografía del protagonista y del guionista, la pandilla embarcaba hacia América del Sur. Muchos años después, en 1993, Curro volvió a las andadas, pero esta vez por insistencia de su principal actor la serie fue grabada en Uruguay. Los tiempos habían cambiado, y este regreso televisivo ocurrió con menos gloria de lo esperado, pero el Curro Jiménez galopó por estos territorios que, pese a la riqueza y complejidad de su carrera española, nunca lo perdieron. Con herencia incluida, porque ahí está su hijo, Rodolfo Sancho, conquistado por el Artigas de La redota. Juan Cruz, en su obituario publicado ayer en El País de Madrid, lo sintetiza perfectamente: “Uruguayo y español, y viceversa; entendió las dos orillas de la manera que no las entiende este país, sabiendo que son puntas de la misma mesa, y en medio tragedias y risas cabalgan juntas”.

