Goleada histórica: Peñarol 120-El Cine 0
- Última actualización en 24 Agosto 2012
- Escrito por: Ronald Melzer
Si Peñarol es, como anuncia el título, eterno, este documental* que pasa revista a su historia sólo parece eterno. Esta apreciación no se fundamenta (únicamente) en los 129 minutos de duración, sino en lo que el director Shay Levert decidió poner y no poner dentro de él, así como la forma –palabra clave cuando uno se refiere a una película– en que hizo lo uno y lo otro. Lo que hay, desde el punto de vista de la estructura, es una consecución plana de imágenes y sonidos que puede resumirse así: un clip musical con base en un tema famoso y preferentemente de murga, un reportaje, varios goles fotografiados o filmados, una foto, otro reportaje, más goles, otro clip, más reportajes, más goles, más fotos, alguna toma de la hinchada, otros goles, otras fotos, muchos más reportajes hasta llegar a la cifra de setenta u ochenta, algún que otro clip, a esa altura bienvenido –por lo menos se escucha un poco de música–. Todo vertido en estricto orden cronológico sin, casi, variantes, imaginación, juego, humor o controversia. Es decir, sin conflicto; el mejor y más aburrido de los carboneros mundos posibles. Desde el punto de vista de los contenidos que cupieron dentro de esta estructura, cabe decir que la media hora inicial que comprime el período 1891-1959 y menciona y a veces muestra, como puede, a personajes como John Harley, José Piendibene, Isabelino Gradín, Obdulio Varela y Juan Edgardo Hohberg (pero omite o sobrevuela a goleadores como Juan Pedro Young y a hechos como la secesión asociacionista previa a los Juegos Olímpicos de 1924), es la potencialmente más interesante, aunque nada de lo que allí se aporte luzca novedoso o revelador. Es probable que sea imposible conseguir más material cinematográfico, pero sí existen (en diarios y en archivos privados) mejores fotos, sí se pueden obtener declaraciones más polémicas y originales, sí hay recursos cinematográficos en rubros como la animación, que la nueva tecnología digital suele facilitar. De esto –como de otras cosas– ni noticias. Hay otras noticias, en cambio, en formato seudoperiodístico, bajo el cual el señor Leonardo Mendiondo, presentado como sociólogo, es decir “experto”, vierte una parrafada de lugares comunes que sonrojarían a cualquier estudiante, y bajo el cual el señor Julio María Sanguinetti, que se convirtió dos veces en presidente de la República gracias, en parte, a su locuacidad y a su oratoria, se trasmuta en un repetidor de consignas. La culpa no la tiene Sanguinetti, sino, claro, Shay Levert, su montador, o ambos.
Lo peor viene, empero, durante los 100 minutos restantes de metraje, y en la práctica reduce los últimos 50 años de la historia de Peñarol a un minucioso y engorroso paseo alrededor de los doscientos o trescientos goles que sirvieron para coronar a la institución en cinco Copa Libertadores, tres Intercontinentales y hasta un subcampeonato, como el de 2011, que se carga nada menos que 15 minutos de metraje. En todo este tramo, el criterio elegido parecería ser el de la disponibilidad y presunta calidad visual del material: un criterio quizás lógico desde el punto de vista de la producción pero inabordable desde el punto de vista de la investigación o la creación (¿qué es eso?). Eso explicaría que, con el debido respeto de este cronista a los involucrados que se mencionan a continuación, en la película, Emiliano Albín tenga más espacio y Obdulio Trasante tenga mucho más espacio que Pedro Rocha, único uruguayo que alcanzó a jugar cuatro mundiales, otro dato omitido. Seguramente no hubo tiempo para introducir ese dato entre las varias docenas de menciones a la presunta “religiosidad” que implica este partidarismo futbolístico y social y, más aun, a las frases hechas sobre lo que significa jugar en Peñarol, que no es lo que los jugadores y ex jugadores insistan en decir, sino lo que la dirección y el montaje les hace repetir. Lo que no tiene explicación es, en cambio, el miedo, acaso el pánico de los responsables de este producto, en indagar, en hurgar, en buscar las contradicciones, los sufrimientos, las miserias, los pequeños logros y las grandes conquistas anónimas que integran la esencia misma de un movimiento social como el que ha girado y sigue girando alrededor de tan magno club. Sí tiene explicación que no exista, en la película, mirada, perspectiva, investigación, afán creativo, garra y agallas: no hubo quien, en la otra cancha, la del cine, los pusiera. n
* 120. Serás eterno como el tiempo. Uruguay, 2012.

