Brecha Digital

La calle de los sueños

Como la provinciana que encarnaba Christina Aguilera en la disfrutable Noches de encanto (Burlesque), de Steven Antin (2010), la rubiecita Julianne Hough llega a Los Ángeles buscando convertirse en estrella de rock, y lo único que en principio consigue es un empleo de camarera.

Por fortuna, habrá de desempeñar dicho trabajo en un recinto de la vía hollywoodense Sunset Strip, donde tienen lugar pobladísimos recitales de roqueros famosos, como es el caso del que interpreta un inesperado Tom Cruise. La protagonista no sólo conocerá allí de cerca a este último sino también a un núcleo de personajes que la ayudarán a lograr lo que se propone, y hasta descubrirá el amor al cruzarse con un jovencito (Diego Boneta) que también trata de abrirse camino en el mundo del espectáculo. Además de quienes se mueven en torno a la parejita –el dueño del local y un inefable secuaz, a cargo de Alec Baldwin y Russell Brand, respectivamente, el empresario de Cruise retratado por el talentoso Paul Giamatti y una deslumbrada reportera de la Rolling Stone compuesta por Malin Akerman– comparece también la mismísima alcaldesa de la ciudad (Catherine Zeta-Jones) encabezando una puritana campaña en pos de erradicar la fauna de ruidosos músicos y sus groupies.
Las tonalidades propias de una comedia musical tiñen a esta fábula* basada en uno de los últimos éxitos de Broadway que aquí despliega su carga satírica a propósito de la música moderna, como ya lo habían hecho algunos títulos anteriores: la referida Noches de encanto, la sabrosa y ya lejana Adiós, ídolo mío (Bye Bye Birdie), de George Sidney (1963), y las dos versiones de Hairspray, la original de John Waters (1988) y la que Adam Shankman, responsable del filme que motiva estas líneas, llevara adelante en 2007. En esta ocasión el hombre se las arregla para insertar el repertorio de emblemáticas canciones con naturalidad en los coloridos escenarios que sirven de marco a una historia ágil y ocurrente, por lo menos hasta culminar la primera mitad. De allí en adelante los acontecimientos parecen estirarse, y las intervenciones de un esforzado Tom Cruise, a quien le falta la gracia de comediante que su desbordada caracterización le exige, rebajan el interés de un producto que, de todas maneras, sabe extraer provecho del desempeño de Hough, Boneta, Baldwin, Brand, Giamatta y hasta de la más limitada Zeta-Jones, al servicio todos de una ojeada humorística sobre mundillo de la música de los ochenta y un poco más.n

 


*     Rock of Ages, Estados Unidos, 2012.

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