Dos nuevos espacios teatrales se abren al circuito e inauguran con piezas de los directores María Dodera y Roberto Suárez, ambos pertenecientes a la misma generación y con búsquedas artísticas que comparten el interés por las dramaturgias del actor y del espacio, y el desarrollo de una puesta global donde los detalles técnicos y estéticos ocupan un rol expresivo de peso. Son la versión de Máquina Hamlet en el escenario de La Ciudad (La Ciudad de los Chicos) y Bienvenido a casa en el Teatro La Gringa (Galería de las Américas)
MÁQUINA HAMLET. Dodera vuelve sobre Shakespeare en una mirada contemporánea –antes sorprendió con su Los Macbeth’s–, pero esta vez desde un texto escrito por el reconocido autor alemán Heiner Müller, que arroja su propia mirada sobre el clásico. Máquina Hamlet (1977) se presenta como espejo de una sociedad donde lo humano corre el riesgo de desaparecer. Está escrita de forma fragmentada en cinco actos en los que los actores entran y salen de los roles clásicos, jugando con la dualidad actor/personaje y ficción/realidad. La directora se apropia de esta estructura (que busca ser una antiestructura dramática) y sigue la línea de la composición musical de un texto, más cercana a la construcción poética que a la dramática.
Para narrar la historia, Dodera eligió a la dupla Mariana Olazábal (actriz que logra la dualidad ella/él buscada por la directora en una actuación intensa) y Camila Sapin (música que encarna al corifeo, canta en vivo, integrante de La Otra y de Closet). Cada acto es una composición coreográfica y musical que expresa en conjunto la crudeza de este texto tan crítico como desgarrador. El diálogo entre música y actriz alcanza un fluido ir y venir en el que el tránsito de estados se asienta. Una escenografía mortalmente blanca (realizada al detalle por Scorsela-Vizcaíno) refuerza el agobio de estos seres devenidos en máquinas atravesadas por la muerte trágica. Hay, como en todos los trabajos de la directora, una fuerte presencia estética que busca generar una atmósfera expresionista. Destacan todos los rubros técnicos, entre ellos el notable vestuario de Virginia Sosa.
Müller es un autor que desafía. Dodera y su equipo tomaron esa apuesta para lograr una pieza que conmueve a la vez que perturba. Siguiendo la línea de ese espejo hiriente que propone el autor alemán, el grupo optó por montar el espectáculo en una perversa “ciudad de niños”, y el detalle no es menor. Tal vez como otro acto de resistencia, la invitación es a jugar. Antes de entrar, el público ingresa a un ambiente de quirófano con unos guantes de látex en las manos. Un espacio cercano e íntimo en el que todos serán involucrados, sin distancias. La insensibilidad reinante del ascetismo se sacude palabra tras palabra y recuerda que antes de disecar muñecos inertes Hamlet fue un personaje guiado por la pasión humana.
BIENVENIDO A CASA. Como un proyecto que continúa el trabajo de La estrategia del comediante (2008-2009), Roberto Suárez sigue en su línea de investigación sobre el vínculo entre los actores y el público (véase entrevista en págs 24-25). La bienvenida es literal pues este equipo espera desde el primer ensayo que llegue ese público que los completa. El equipo intervino y levantó las paredes y los baños de este espacio teatral donde el sentimiento de propiedad es tan fuerte que logra un recibimiento tan real como ameno. Es que esta historia plantea el desafío de la convivencia explícita; es decir, el público accede a participar de una obra que se narra en dos episodios que van en dos días consecutivos. El planteo explota el encuentro como base del teatro y resulta una convivencia que se disfruta como un gran juego colectivo.
Suárez logra mantener la expectativa en el público, no la defrauda. El primer día asistimos a la historia de un grupo de seres extraños, entre los que se encuentra un personaje que encarna al hombre elefante (en una referencia explícita a David Lynch), enfrentados a esa situación tan delirante como extrema que es el suicidio colectivo. El elenco en su conjunto destaca por la intensidad de sus actuaciones, la cuidada construcción de sus personajes, el logro de un diálogo tan fluido como perfecto y la construcción de los ribetes tragicómicos de esta historia de humor negro. Como expresión clara de un trabajo grupal y colectivo hay arte en todo lo que aparece sobre la escena. Desde el vestuario hasta la iluminación –que delinean un cuidado planteo pictórico–, pasando por el trabajo de los diversos afiches diseñados por Sebastián Santana y las fotos de Manuel Gianoni, sin olvidar el cuidadoso trabajo de sonido que “hacen” estas historias en paralelo.
El segundo día el clima cambia (o no) a un planteo más descontracturado y el juego vuelve a instalarse esta vez con más intensidad. Se asiste a un detrás de escena (tan ficticio como real), y la invitación a participar desde otro punto de vista descubre una nueva globalidad del espectáculo que cierra a las mil maravillas. De lo visto sobre el escenario destaca la entrega de estos artistas que dedicaron dos años (o más) a ensayar para su público. Dada la estructura de la pieza y el planteo de su intriga no conviene develar más detalles. Bienvenido a casa inaugura un nuevo espacio teatral siempre bien recibido y aporta a la cartelera una bocanada de oxígeno. Dada la calurosa invitación de sus anfitriones es más que recomendable esta experiencia compartida, en un viaje de dos días por la mejor propuesta de teatro en lo que va del año.