Brecha Digital

De aquí y de allá

Por un fin de semana pudo verse la puesta de Lluvia constante, dirigida por el argentino Javier Daulte y escrita por Keith Huff (autor estadounidense, productor y guionista de la premiada serie Mad Men), que arribó como espectáculo invitado al teatro El Galpón. Daulte logra llevar a escena textos desafiantes (en la calle Corrientes de Buenos Aires puede verse su puesta de Filosofía de vida, de Juan Villoro, protagonizada por Rodolfo Bebán y Alfredo Alcón) y, dentro del llamado circuito comercial, logra espectáculos con grandes actuaciones. En Lluvia constante la dupla elegida para representar a estos dos policías que transitan un viaje de lenta degradación son Rodrigo de la Serna y Joaquín Furriel, reconocidos por sus participaciones en cine y en tiras televisivas.


El director imaginó un gran despliegue escenográfico (con diseño de Alberto Negrin) para contener a la vez que agobiar a estos dos seres frágiles. Es que la historia se desarrolla a partir de la narración oral de los dos policías, amigos desde la infancia, que cuentan a la vez que recrean el devenir de una trama que se plantea cargada de humor (y en la que sin embargo está siempre presente la violencia verbal) y que deviene lentamente hacia lo trágico. Daulte es un gran director de actores. Aquí el riesgo planteado fue contar, en la mirada de dos personajes, una historia de amistad y traición a través de la acción. Para ello la exigencia física era la clave, y de la Serna y Furriel se tomaron en serio el desafío. En un texto verborrágico a la vez que vertiginoso, ambos actores logran una sincronía perfecta y trasladan esa atmósfera fraternal a la escena. Son muchos los fantasmas que atormentan a los amigos, mucho el dolor, y aun así los dos antihéroes contemporáneos se ganan la compasión de la sala. La versión original de este texto se estrenó en Broadway en 2009 con las actuaciones de Daniel Craig y Hugh Jackman.
En otro registro y en un nuevo acercamiento a Federico García Lorca, El Telón Rojo aloja a Federico, quiero verte, de Rosana Sosa. Los directores Dino Armas y Álvaro Loureiro plantearon una puesta en diálogo entre poemas del Romancero gitano, pasajes de La casa de Bernarda Alba y el monólogo de Frasquita Alba imaginado por Sosa. El montaje explota la presencia de la casona –que rememora el monumental peso simbólico de la casa de las Alba–, a la vez que recrea el luto y la represión femenina en la piel de cinco actrices de distintas generaciones. Es interesante el paralelismo en la construcción de Frasquita Alba-Bernarda Alba, transitando por la misma cuerda ambigua con que jugaba el propio Lorca al hablar de su tragedia como un documental. Frasquita su vecina, su inspiración para su última tragedia acabada. Los directores eligieron con acierto a la dupla Chela Fernández y Mary Soler para entrar y salir de esos terrenos actorales simbólicos.
Lorca, y más precisamente La casa de Bernarda Alba, son fuentes permanente de inspiración para el teatro. La fuerza de su poesía sigue abriéndose a las más diversas puestas en escena. En este caso los directores hacen énfasis en el texto, intercalando recitados de algunos de sus más conocidos romances de temática gitana, y se centran en la construcción de unos seres femeninos tan frágiles como poderosos.

 

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