Pesca de corazones
- Última actualización en 07 Septiembre 2012
- Escrito por: Álvaro Loureiro
El nudo de la historia remite a la ocurrencia del rey del lejano Yemen (Amr Waked) de implantar la cría del salmón en aquellos semidesérticos suelos, tarea para la cual recibe la aprobación inicial de los ingleses que envían allí a dos expertos (Ewan McGregor y Emily Blunt), quienes, a pesar de contar uno y otro con sus respectivas parejas, terminan enamorándose. A lo largo de dicho proceso, como era de esperar, cobra importancia tanto lo que piensa la esposa del primero como lo que le sucede al enamorado de la segunda, un soldado que parte en peligrosa misión a otro país. Todo se relaciona empero con el desarrollo de las posibilidades pesqueras de la nación asiática, asunto apuntado desde el título original (El salmón en Yemen) en la novela de Paul Torday, y en una película* que en estas latitudes, como para que nadie piense que se trata de un documental de la National Geographic, prefirieron cambiar a nombre de teleteatro sin mayores ambiciones. Lo cierto es que, aunque el relato amoroso cubre buena parte de la trama y da pie para que McGregor y Blunt esbocen un par de personajes creíbles, el resto se relaciona de forma insistente con la cuestión de los salmones, un tema que, más allá del interés que pueda despertar en amantes de la pesca o la ictiología, no luce especialmente atractivo.
La dirección del nórdico Lasse Hallström hace empero lo que puede para llevar adelante con la debida tersura una narración que exigió el rodaje de exteriores en Marruecos con todas las garantías del exotismo que la pantalla ancha se atrevió a captar. Tratándose de pesca, mucho mejor le fue al maestro estadounidense Howard Hawks a comienzos de los sesenta con la comedia El deporte favorito del hombre, en la que la mencionada actividad servía en tanto jugoso punto de comparación entre parejas que se armaban y desarmaban, una alternativa que a Hallström no le inquieta demasiado, por más que tampoco haya aquí otras que lleguen a preocuparle. Al espectador no le queda entonces mayor opción que prestarle atención a los simpáticos McGregor y Blunt y, en alguna solitaria secuencia, a la gran Kristin Scott Thomas, que luce divertida componiendo a una autoritaria figura política londinense empeñada en conseguir que su país quede siempre bien parado. Y poco más.n
* Salmon Fish in the Yemen. Reino Unido, 2012.

