Sin rumbo cierto

En 1961, en las inmediaciones de la Universidad, en un más que confuso episodio fue asesinado el profesor Arbelio Ramírez al término del acto realizado en el Paraninfo con motivo de la visita del Che Guevara. Tal el prometedor punto de partida de una película nacional* que, desde el título, parecía que se iba a encargar de aclarar esa muerte sobre la que se tejieron variadas teorías sin que hasta ahora estén identificados los culpables. Un cartel bajo el título adelanta, sin embargo, que la historia responde a una libre adaptación de un hecho real, constancia que pronto relativiza la idea de que el proyectil que terminó con la vida del docente iba dirigido al famoso revolucionario. Y, vale la pena agregarlo, si tal hubiese sido la intención, oportunidades de llevarla a cabo no faltaron por esos días. El episodio de aquella noche de agosto respondería, en cambio, más bien al desenlace de una violenta asonada concebida por la ultraderecha con el fin de culpar a los organizadores del acto en cuestión.
Después de un logrado comienzo que registra los incidentes con la intensidad del caso, el asunto luce de inmediato como pronto a concentrarse en los pasos que la viuda de Ramírez intenta dar para que se explique lo sucedido y se identifique a los culpables, un propósito que le abriría camino al relato para desplegar proyecciones de una búsqueda que se mostraría infructuosa años después. En ese juego con los tiempos asoman también los ecos de otra investigación que el filme tampoco redondea, a lo largo de un relato en el cual varias siluetas difíciles de identificar –aunque todas verosímiles, gracias al digno nivel actoral del elenco– aparecen y desaparecen sin mayor explicación. Todo lo que antecede estaría indicando al espectador que lo que realmente va a pesar de allí en adelante, omisiones a un lado, será lo concerniente a los movimientos de la viuda en pos de la verdad. Pero esa zona de la película también se borronea entre distintos signos de lentitud narrativa para arribar a un final jugado a los puntos suspensivos de una interminable puesta de sol.
Una lástima que la intención de contar un asunto de índole política al estilo de lo que hacía el Costa-Gavras de Z o Estado de sitio pierda el rumbo de manera tan llamativa. Aun si se acepta la posibilidad de que el montaje final de las escenas haya estropeado la deseable pero remota continuidad del desarrollo, cabe acotar que, más allá de lo anotado y de las infaltables carencias presupuestales para una trama que transcurre en distintas épocas, lo que realmente aflige al filme de Gabriela Guillermo es el errático guión que escribiera junto a Raquel Lubartowski.n
*     Una bala para el Che. Uruguay/Argentina, 2012.

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