Brecha Digital

Volar y construir

En tren de encasillar, este trabajo de Francisco Lapetina se ubicaría en el cruce entre el pop, el rock y la “canción de cantautor” (espantosa designación). Rock porque es una música de sonoridad fuerte (aunque no agresivamente fuerte), y con una actitud no complaciente. Pop porque ese carácter caprichoso propio de lo roquero está matizado por un pulimiento fino, y planteado en un lugar que esquiva la agresión y contempla el goce. Son canciones “autorales”, por supuesto, pero no pasan por el centro de la definición de canción en la medida en que la música tiene primacía sobre las letras (aunque éstas no carecen de elaboración), la mezcla no es totalmente “vococéntrica”, y el disco está planteado de manera que quita el énfasis en la primera persona, recurriendo a participaciones importantes de otras voces en todos los surcos. Hay influencia de Drexler, o una compenetración con influencias comunes con él (sobre todo en el surco más pop de todos, que es “Bobo”, y en el criterio de centralidad de la guitarra agregada de base de banda pop y una importante dosis de computadora, y en el gusto por la zamba y la canción brasileña). Pero no se limita para nada a esa zona drexleriana, sarpándose las más de las veces hacia zonas más extrovertidas y, a veces, más voladas.
La factura del disco es tremenda, en todo sentido: excelente banda (esencialmente los integrantes de los anteriores proyectos grupales de Lapetina: Plaza Sésamo y Antena), un notable núcleo de invitados cantantes (Eli-u Pena, Darío Reinosa, Santiago Lorenzo, Francisco Rey, Mateo Moreno, César Martínez, Sara Sabah, Horacio Todeschini), y excelente producción. En el centro está la ductilidad de Lapetina como cantante, guitarrista y “manejador de sonidos por computadora”, terrenos todos en los que tiene garra, swing y amplitud. La concepción musical trasciende en mucho la mera competencia, y tiene imaginación y sabiduría. El canto de “Antena” es como un pregón, con algo de nordestino debido al dejo lidio de la armonía y al timbre de acordeón, pero luego todo es medio incongruente (la lentitud de la línea vocal con lo movido de la base, lo gritado y rústico del canto con lo refinado de la guitarra), pero esas incongruencias terminan siendo el picante para una coherencia global única y misteriosa, análoga al montaje de evocaciones verbales de la letra. Ya “Hornero” arma un extraño pariente de funky sobre un ciclo rítmico de 12 pulsos, y tiene una sección central trasplantada a una zona tonal lejana. “Filodendro” es una zamba con un dejo dramático recargado, quizá con alguna influencia de Cabrera (¿será él ese “Fernando” nombrado en la letra?).
Lapetina es conocido como artista múltiple, y muchas veces sus apariciones en vivo incluyen danza o movimiento corporal, videos y otros elementos visuales (además de sus varias colaboraciones como músico o “artista sonoro” para artistas de otras áreas), y es él mismo un notable diseñador gráfico. Hornero viene en un paquete multimedia. Además del cd, el álbum incluye un dvd con clips de las mismas nueve canciones, tratadas todas con un criterio similar: un formato de imagen anchísimo, trabajado casi siempre como pantalla dividida. La mayor parte de lo que se ve son los músicos grabando (con un montaje bien de músico: sincronización perfecta y ocupándose de mostrar la ejecución de lo que suena de más notable a cada momento, atento para la belleza visual del hacer música). Esas imágenes siempre están alternadas con algún elemento por fuera de ese making off y exclusivo de cada canción, y que puede estar más cercano a la ficción, a fantasías diversas o al álbum familiar. Es un producto visual precioso y muy cuidado, excelente complemento de lo que se oye (con ese atributo extraño, que acentúa lo que escribí arriba sobre la desindividualización: es el propio Lapetina quien filma, pero él casi no aparece en el video). Todo eso viene en un paquete gráfico fantástico, con la cubierta de cartón cosida con hilo en patrones irrepetibles para cada ejemplar, y un folleto también cosido y cortado con guillotina. Es algo que vale la pena tener, aunque no necesario para apreciar estas músicas y estos videos que se encuentran disponibles gratuitamente en el sitio del compositor (www.franciscolapetina.com).n

* Hornero. Perro Rabioso, paquete cd/dvd, 2012.

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