La primera parte del filme* se dedica a seguir los pasos de un médico inserto en la campaña para erradicar el llamado “mal del sueño” –¿malaria?– en suelos africanos. En el momento en que éste debe decidir un probable regreso a Alemania con su familia, la acción efectúa un salto de tres años para concentrarse en otro médico que tratará de reemplazar al anterior, quien, al parecer, todavía no ha abandonado su puesto. Ninguno de los datos que anteceden se expresan empero con demasiada claridad a lo largo del quebradizo hilo argumental que el libretista y realizador Ulrich Köhler prefiere contraponer al paisaje semisalvaje que obra de marco de la búsqueda individual de estos hombres en medio de un lugar cuyas leyes no terminan de entender. El paisaje resulta siempre sugerente, cuando no inquietante y, por las noches, francamente misterioso (hasta el extremo de trasmitir a la platea la sensación de que el médico recién llegado puede comenzar a pensar de un momento a otro que lo mejor será dejar atrás la seguridad que siempre lo caracterizó y empezar a permitirse que lo asalten las dudas). Köhler se excede en sutilezas narrativas y nada de lo comentado se refleja en forma clara en un desarrollo que siempre da la impresión de querer alejarse de los personajes sin permitirles casi hablar para intentar explicar qué les sucede. En el espectador descansa entonces la responsabilidad de armar una historia acerca de dos hombres que se mueven en una realidad desconocida, una historia que funciona bastante mejor en lo que concierne al registro que hace la cámara de los distintos lugares y la gente que por allí desfila. Pero los personajes de Köhler no terminan nunca de dibujarse en esta película que algunos juzgarán como bastante menos elocuente de lo deseable.
* Schlafkrankheit. Alemania-Francia-Holanda, 2010.