El espectador tiene dos posibilidades para asumir las imágenes que conforman la muestra.* Por un lado, puede tratar de capturar las referencias, sutiles o evidentes, a significativas obras de la arquitectura moderna a nivel nacional o internacional. Puede disfrutar, por ejemplo, los juegos alusivos a la Villa Savoye de Le Corbusier, a los almacenes Carson de Sullivan, a la torre-monumento sobre la Tercera Internacional de Tatlin (obra nunca construida), las viviendas Pruitt Igoe de Yamasaki (ya demolidas). A nivel nacional, planos y rebatimiento de, entre otros, el edificio de la Facultad de Ingeniería creado por Villamajó, el proyecto perdedor del Hospital de Clínicas firmado por Mauricio Cravotto, instaurando un divertimento de alusiones varias al superponerlo con el plano de la ya inefable y ladrillesca Intendencia capitalina. Conviene precisar que todos esos ilustres referentes, surgen, esencialmente, de un diálogo ubicuo entre el creador y su propia obra. A veces puede descubrirse, casi como un rasgo tangencial, indirecto, una especie de muy singular tributo. Eso sí, un tributo sin empaques, pompa, ni grandes ceremonias. Por el contrario, se trata de cortesías, afectos, guiños gentilmente confianzudos.
Esa especie de homenaje tiene muchísimo que ver con el crecimiento creativo del autor, y lo hace sin alejarse del humor, de la ironía, aun del sarcasmo. Sólo que ahora el encuadre conceptual, al inclinarse por tonos más refinadamente instaurados, menos saturados de intencionales travesuras que conjugaban sabroso ingenio y flaca banalidad, adquiere otra importancia. La casi simpleza del librito Yo a éste lo ablando hablando supo ser una evidencia bastante clara de ese otro humor: más facilista, en consecuencia más efímero. El relato de Vivir el plano redunda en una calidad conceptual más estimable, más plenamente fundada. Mucho más rica y, por lo tanto, mucho más fértil en sus alcances de hallazgo, en sus peripecias narrativas. Quizás, y sin quizás, la peripecia narrativa sea sólo una manera diferente de vitalizar los presupuestos creativos habituales. A nivel subjetivo y en tanto espectador interesado, me quedo con éstos. Y siento, sin afanes proféticos, que ofrecen terrenos prometedoramente abiertos.
Analizada esta cuestión sobre una nueva estrategia de relato, sobre un crecimiento hacedor, me apresuro a aclarar que quien carezca de los mencionados encuadres arquitectónicos puede disfrutar con total plenitud las imágenes que va testimoniando este proyecto. Puede disfrutarlas por los luminosos y cambiantes encantamientos del color, por los juegos irregulares de la línea, por los rítmicos entramados compositivos. Para esos otros espectadores pueden ser por demás entretenidos los juegos de asociaciones formales. Como dice Verónica Cordeiro, eficiente curadora acompañante: “Al sobreponer planos de diferentes proyectos arquitectónicos sobre un mismo plano con líneas regidas por la proporción áurea, y agregarles color de manera totalmente subjetiva, descubre nuevas formas icónicas”. Formas robóticas, muy cultos e imprevisibles transformers. Pueden ser los edificios que refieren o pueden ser delirantes recreaciones de sí mismos. O ser lo que la imaginación de quien mira decida que sean. Una colorida pero igualmente inaccesible versión de una borgeana Biblioteca Universal. Vivir el plano de los imposibles edificios surgidos con las posibles e invisibles ciudades calvinianas.n
* Mueso Nacional de Artes Visuales, hasta el 4 de noviembre.